Lo más irritante del pícaro promedio no es tanto su conducta, sino su percepción de sí mismo y del otro.
No sólo se escaquean, estafan, lían... sino que, además, se creen inteligentísimos. Piensan que sus víctimas son idiotas a las que ni siquiera se les ha pasado por la cabeza actuar así. Ellos poseen una clarividencia y una astucia de la que los demás carecen.
La realidad es muy distinta. Por supuesto que el resto de los mortales podrían obrar igual que tú. Y si no lo hacen no es porque no se les haya ocurrido, sino porque saben que no está bien. Normalmente, la gente no se aprovecha, no porque no se sepa aprovechar, sino porque no se quiere aprovechar.
Esto podría seguir pareciéndole risible a algunos (pues que se aprovechen, jaja, yo qué culpa tengo). Lo que, obviamente, no resuelve nada y revela no saber diferenciar lo micro de lo macro. Cuando en una comunidad esa picaresca se generaliza, la confianza mutua se dinamita y la prosperidad deviene imposible. Que es lo que, oh casualidad, sucede en todas las sociedades pobladas de cancheros.
Reconocer a una persona como víctima puede ser un acto de justicia; mantenerla encerrada en esa identidad puede convertirse en una segunda forma de dominación.
Las transiciones clínicas no se completan con una decisión técnica. Exigen reconocer qué pierde la persona, qué incertidumbre atraviesa y qué nueva posición se le ofrece, sin imponerle el significado ni exigirle una forma correcta de aceptar el cambio.
La nostalgia del médico que «estaba con las personas» puede construir una falsa oposición entre medicina científica y medicina humana. El problema no es que la medicina haya adquirido técnica, sino que la técnica se emancipe de la finalidad para la que existe.
La apología de la muerte como actitud heroica es, con frecuencia, el narcisismo del cobarde: quien enaltece morir en abstracto lo hace porque teme, por encima de todo, el dolor concreto de su propia carne.
@GregorioLuri No hay innovación científica, por ridícula que sea, que no venga acompañada por una larga lista de investigaciones que demuestran su eficacia
Un médico aprende a tocar con guantes, hablar con cautela y a tratar de sostener al paciente. Pero no hay formación que prepare para todo y él también es vulnerable. Es difícil sostener la mirada cuando ya no quedan certezas. La esencia del acto médico es emocional y vinculante.
“El método científico incluye dos etapas. La primera consiste en formular hipótesis; la segunda consiste en comprobarlas experimentalmente. Lo que diferencia a la ciencia de otros tipos de conocimiento es la segunda etapa: someter las hipótesis a pruebas empíricas observando si las predicciones derivadas de una hipótesis se cumplen o no en observaciones y experimentos relevantes. Una hipótesis solo es científica si es coherente con algunos estados de cosas posibles, pero no con otros que aún no se han observado, de modo que está sujeta a la posibilidad de ser refutada por la experiencia.”
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La silla de Marañón y su evidencia
Eduardo Bruera valoró su efecto: Los pacientes percibieron que su médico sentado era más compasivo y pasaba más tiempo con el paciente.
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Michel Houellebecq: «No creo que exista el deseo de morir. Existe el deseo de dejar de sufrir. Y el de dejar de ser una carga. Por eso, el mensaje de los cuidados paliativos es: "No. Tú no eres nunca una carga". Mientras que la eutanasia es un retroceso de nuestra civilización».