#ElPoderDelSonido 🔊 5 febrero
El acto más cotidiano —tomar un baño— puede ser también un acto sagrado. Porque el agua no solo limpia la piel; purifica la energía. No solo quita la suciedad, elimina también el peso de los días, los pensamientos densos, las energías externas, los recuerdos que se quedaron pegados al cuerpo sin permiso💦🚿.
El agua está viva. Lo demostró Masaru Emoto cuando descubrió que las moléculas del agua responden a las palabras, a las emociones y a las intenciones a las que son expuestas. El agua escucha y recuerda. Y usted, que está hecho en un 70 % de ella, también lo hace.
Por eso, la próxima vez que el agua caiga sobre su cuerpo en la regadera, hágalo consciente. Deje que el agua de verdad lo toque, no solo lo moje. Imagine que se vuelve dorada, luminosa, como un torrente de energía pura que baja directo desde la fuente divina. Deje que penetre su piel, que recargue su cuerpo, que le devuelva su poder. Hágalo con consciencia e intención.
Mientras el agua cae, imagine cómo todo lo que ya no le pertenece —el miedo, la tristeza, las energías ajenas—se va por el desagüe. Dígalo si quiere: “Eso ya no es mío, no me pertenece ya.” Porque al nombrarlo, lo libera.
Luego, hable con su cuerpo. Agradézcale por seguir en pie, por haber sobrevivido hasta hoy, por funcionar a la perfección, por permitirle experimentar el mundo, por sostenerlo incluso cuando su mente dudó. Dígale “te amo cuerpo mío”, aunque le suene extraño. Su cuerpo lo escucha, sus células lo entienden. Siempre lo han hecho.
Y cuando el agua termine de caer, quédese unos segundos ahí, sintiendo su nuevo ser, su LUZ. No piense, solo sienta. El silencio, la paz, el reinicio.
Eso es lo que significa realmente limpiarse: recordar quién es.
Porque el agua no solo limpia, el agua está viva y purifica. 🙏🏻💦