Las flores florecen y mueren, las estrellas se apagan y hasta el universo desaparecerá. La vida humana es un suspiro: se nace, se ríe, se sufre, se ama y se odia. Todo es efímero y al final todos caemos en el sueño eterno llamado muerte.
Por qué te entristece que el insensato actúe conforme a su naturaleza? Esperar que el hipócrita no mienta es como pedirle frutos a una roca. Al contrario: sé libre y agradece que te ha mostrado su verdad.
No asustes al que duerme con nubarrones que tú puedes disipar. Navega la tormenta en silencio; que cuando despierten, solo vean un cielo claro. Sé el escudo, no la alarma.
Qué quieren? ¿Tener el alma de un ser racional o de uno irracional? De un ser racional. ¿Y de qué tipo? ¿Sana o enferma? Sana. Entonces, ¿por qué no la buscan? Porque ya la tenemos. ¿Y por qué entonces pelean y discuten?
Te sorprende que otros favorezcan a los suyos y que existan los protegidos? Es tan natural como que la higuera dé higos. Tú no eres uno de ellos. ¿De qué te lamentas? El camino está claro: o te retiras con dignidad si tu virtud peligra, o te entregas a tu labor sin quejas vanas.
"El mar y el cielo, se ven igual de azules, y en la distancia parece que se unen, pero recuerda que el cielo siempre es cielo y nunca nunca nunca el mar lo alcanzará"
Exigir el tiempo de quien no quiere darlo es ignorancia; descuidar el tuyo es abandono. Nadie vive en ocupación perpetua, sino en prioridades. No te lamentes por quedar fuera de sus horas; alégrate de recuperar las tuyas. Que su excusa sea tu liberación.
Rompe el vínculo con quien es incapaz de definir su propio norte; no hay mayor necedad que encallar tu vida esperando que otro aclare su mente. Tu energía es un recurso sagrado y limitado que solo debe alimentar tu propio propósito.
No te definen las palabras que pronuncias, sino el testimonio de tus actos. Quien habla de una forma y actúa de otra, solo demuestra que su mente aún no es dueña de su razón.
¿Me desprecia u odia alguien? Él verá. Por mi parte, evitaré hacer algo digno de desprecio y responderé con benevolencia y afabilidad hacia todos, incluido él. Sin insolencia ni falsos alardes, sino con absoluta sinceridad.
Nada es más abominable que la amistad del lobo. Por encima de todo evita eso. La persona buena, sencilla y benévola tiene estas cualidades en los ojos y no se le ocultan.
Un ojo sano ve lo visible y no exige que sea verde. El estómago acepta todo alimento y la muela lo que deba moler. La mente sana debe afrontar todo lo que sobrevenga; la que pide que el mundo se adapte a ella es un ojo que busca lo verde o dientes que reclaman lo tierno.