Querer ir a darse un baño ahora es:
• Ahí no. Petado de guiris.
• Olvídate, ahí imposible aparcar.
• En ese agua no me meto. Fos.
• ¿Un domingo ahí? Olvídate. Mínimo hora y media de cola.
• Esa estaba bien pero ahora cerraron el acceso.
Viviendo en una isla. Es que es loco
Hay follón entre estadounidenses y europeos con que si usamos mucho o poco o nada el aire acondicionado.
Pues mirad lo que os digo, hace 2400 años, en Persia, ya inventaron una manera de refrescarse: fabricaban hielo EN EL DESIERTO.
Esta es la historia:
Imaginad los desiertos de el Dasht-e Kavir y el Dasht-e Lut, en la actual Irán. Son extensiones donde el día castiga con cuarenta grados largos y la tierra parece el recuerdo de un mar que se evaporó de pura desesperación. Imaginad ahora, brotando de la arena parda, una colina de barro con forma de colmena gigante o de teta apuntando al cielo, una cosa con pinta de cosa-que-no-debería-estar-ahí y sin embargo está, lleva siglos estando. Es un yakhchāl, palabra que significa, literalmente, pozo de hielo.
Y dentro de la cúpula, que es de adobe, en mitad del horno, los persas fabricaban hielo. Lo hacían nacer de la noche y de una elegantísima comprensión de la física. Insisto, hace dos mil cuatrocientos años.
El truco era no luchar contra el desierto sino aliarse con su peor enemigo secreto, que es el propio desierto. Porque el desierto es como el matón de una peli americana de institutos, esto es, tiene una debilidad: de noche, cuando el sol se pone, el cielo seco y despejado se convierte en un sumidero. El calor del suelo se escapa hacia arriba, hacia el espacio negro, sin vapor de agua que lo retenga, y la temperatura se desploma. Enfriamiento radiativo, lo llaman los manuales. Venganza nocturna, lo llamaría yo.
El agua se vertía en pozas poco profundas, resguardada por muros orientados de este a oeste que la mantenía en sombra durante el día asesino, y perdía calor hacia el cielo nocturno hasta congelarse. A veces ayudaban sembrando un bloque de hielo traído de las montañas, una semilla de frío, para que el resto cuajara antes. Y al amanecer cortaban las láminas heladas y las bajaban a una cámara subterránea, una suerte de vientre del yakhchāl, donde aguantaban el verano entero.
Porque el vientre era la otra mitad del prodigio. Muros de hasta dos metros de grosor en la base, levantados con sarooj, un mortero de arena, arcilla, clara de huevo, cal, ceniza y pelo de cabra mezclados en proporciones precisas, impermeable y reacio al calor como un monje al pecado.
Bajo tierra, un hueco que en los pozos grandes podía alcanzar miles de metros cúbicos. Arriba, la cúpula con un orificio en lo alto para que el aire caliente se escapara por arriba y arrastrara consigo el bochorno, dejando el fondo frío y quieto.
Porque aquellos persas no conocían la termodinámica pero no tenían la palabra termodinámica, no tenían la palabra albedo, no tenían a Carnot ni a Clausius ni los gráficos del programa Copernicus que hoy nos dicen que Europa se calienta al doble de velocidad que hace cien años. Pero tenían barro, sombra, agua, paciencia y una observación feroz del cielo. Y con eso fabricaban hielo en el infierno.
Nosotros, que sí tenemos la termodinámica entera, que sabemos exactamente por qué la noche del desierto enfría y por qué la dorsal atmosférica nos asa, respondemos a la canícula encendiendo aparatos que devuelven al aire más calor del que extraen de la habitación, exportando el problema al pasillo, a la calle, a la atmósfera, al año que viene, a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos. Compramos frío a plazos y no somos conscientes de lo que pagamos a cambio.
Mientras, los yakhchāl siguen en pie, pero ya no se usan. Algunos se conservan por su evidente valor antropológico pero fueron jubilados con la invención del frigorífico—que en persa, por cierto, también se llama yakhchāl, ironía perfecta—. Cuando los miras en fotos, ahí en medio de los desiertos de Irán, nos recuerdan que hubo una vez una manera de combatir el calor que no consistía en fabricar más calor, a veces solo era necesario mirar arriba para entender el cielo nocturno.
“Todo lo que temíamos acerca del comunismo, que perderíamos nuestras casas y nuestros ahorros y nos obligarían a trabajar eternamente por escasos salarios y sin tener voz en el sistema, se ha convertido en realidad bajo el capitalismo”.
Jeff Sparrow.
Pregunta de examen:
España tiene 4 expresidentes vivos.
El 1º fue el Presidente del robo y del terrorismo de Estado, el 2º fue el Presidente del robo y de la corrupción de Estado, el 3º fue el Presidente del robo y del espionaje de Estado y el 4º le ganó las elecciones del 2004 al PP, acabó con ETA en el 2011, remontó las elecciones del 2023 otra vez al PP y quería volver hacer campaña en el 2027 contra el PP.
Adivina a cuál acaba de imputar un juez a petición de Manos Limpias.
Como apunte: está en Bruselas para pedir que las aerolíneas que cubren rutas entre Europa y Canarias sigan exentas de pagar lo que les corresponde por emisiones contaminantes.
Pero además pidió que se revise lo mismo para las rutas marítimas. Para que vengan más barcos.
A Kennedy le reventaron la cabeza a tropecientos metros y en movimiento dentro de un coche, pero, por lo que sea, a un orondo octogenario con menos movilidad que un gato de escayola no hay manera de acertarle.