No todo silencio significa lo mismo.
Silencio que cuida: “Estoy aquí, aunque no diga nada”.
Silencio que castiga: “Me callo para que sufras”.
Silencio que desconecta: “Ya no tengo nada que decirte”.
Parecen iguales, pero se sienten muy distintos.
Empatizar no es imaginar cómo te sentirías tú si te pasara lo que le pasa a otra persona.
Eso es proyectar.
La empatía, en cambio, consiste más bien en salir de uno mismo. No es pensar “si yo estuviera en tu lugar”, sino tratar de comprender cómo se siente esa persona, siendo quien es: con su forma de ver el mundo, de sentir, de interpretar lo que le ocurre.
Es escuchar sin corregir, mirar sin juzgar.
Empatizar es un acto de humildad: aceptar que no tengo tus respuestas, ni tus emociones, ni tu forma de procesar lo que estás viviendo.
Pero sí puedo acompañarte desde ahí.