Cuando elijas a alguien para compartir tu vida, mira más allá de la química. Fijate en cómo trata a los demás, cómo maneja tiempo, dinero y emociones. Cómo te habla cuando está molesto o en días difíciles.
El romanticismo enamora, pero la personalidad es lo que sostiene una vida.
Uno de los regalos más bonitos que alguien puede darte es devolverte, con sus acciones, la capacidad de confíar nuevamente, sin necesidad de prometerte nada con palabras.