@RMedievo Es como elegir entre papá y mamá. Son únicas y casi incomparables. Soy de León, pero la majestuosidad del conjunto de la catedral de Burgos es sobrecogedor.
"Nací sobre una rotativa. Las empresas culturales de José Ortega y Gasset".
Ignacio Blanco Alfonso en Editorial Tecnos.
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Este es el libro que he recomendado en @MasDeUno con Alsina en @OndaCero_es
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@Hora25@BrunaHusky Me da que se han debido equivocar de década o hace una interpretación errónea de algún dato estadístico. En los 70, el que quería ir al cole, iba.
@Valenzuela_Javi Qué pereza, tú, que pereza. Con poco conocimiento de la historia, segregando nacionalidades y comparando realidades con 500 años de diferencia.
En La sociedad de la nieve, la película de Bayona que narra la historia de supervivencia en los Andes de los pasajeros del vuelo 571 tras el accidente aéreo de hace ya más de medio siglo, hay una escena magnífica en la que uno de los chavales del equipo de rugby contempla, desde dentro del avión, cómo varios de sus compañeros empiezan a descuartizar el cadáver de otro para alimentarse de él. Las siluetas entrevistas afuera, tras el cristal sucio y húmedo, no son tanto de hombres como de bestias, de animales prehistóricos que parecen haber olvidado, a la fuerza, todo rastro de humanidad. Esa ventana aparece así como frontera y portal que separa, a la vez, espacios y tiempos distintos. Las reglas de la sociedad, los gestos que componen la civilización y que permanecen en el interior de los restos del fuselaje mirando, aterrados, a través de la ventana, ya no sirven en el escenario helado y salvaje que exige la supervivencia a toda costa. La necesidad allí no se hace virtud sino que lleva, por motivos supremos, a la transgresión de las normas básicas de la sociedad.
A través de otro cristal, esta vez el de mi televisión, vi ayer el espectáculo horrendo de la sesión parlamentaria vivida ayer, por razones logísticas, en el Senado. Desde mi casa, sentado en una mesa repleta de trabajos para corregir y entre los gritos de mis dos hijos jugando a pelearse, contemplé los extremos a los que lleva la urgencia de sobrevivir, las deshonrosas componendas, las perentorias humillaciones a las que tuvo que ceder nuestro gobierno para poder sentir que gobierna, para seguir sabiéndose al mando aunque sea de un avión estrellado y deshecho. Vi amenazas que no eran respondidas con severidad sino con sumisión forzada. Vi chantajes que no eran despreciados con orgullo sino recibidos con aplausos de alivio. Vi, en fin, cómo nuestros representantes se lanzaban unos a otros la carnaza, nuestra carnaza, con la que seguir alimentando su aliento pútrido, su sonrisa simiesca. Y lo peor de todo: ni siquiera han esperado a que estuviéramos muertos.