Es indignante la incoherencia del petrismo. Durante cuatro años no hubo grandes marchas por el desastre del Icetex, la crisis de la salud, la corrupción de la UNGRD o casos como el de Juliana Guerrero.
Ahora quieren salir a las calles por cada anuncio de un gobierno que ni siquiera ha empezado. Están en su derecho, pero su indignación selectiva los deja muy mal parados.
Yo voté por Abelardo. Mi esposo votó por Cepeda.
Hace cuatro años también votamos diferente. Su candidato ganó. Seguimos juntos.
Lo cuento porque desde ayer recibo muchos insultos de -odiadores- que parecen más escandalizados por un matrimonio que piensa distinto que por la incapacidad de respetar a quien no opina igual.
La democracia no consiste en que todos pensemos igual. Consiste en aceptar que el otro tiene derecho a pensar diferente.
Yo no necesito que mi esposo vote como yo para admirarlo. Tampoco él necesita que yo vote como él para apoyarme o acompañarnos en la vida.
Las elecciones terminan. Los afectos, el respeto y la vida REAL siguen. Se infartan si supieran tantos políticos que son amigos y piensan distinto.
Quizás Colombia avanzará el día que entendamos que pensar distinto no convierte a nadie en enemigo. Pilas, la violencia arranca en el lenguaje y no se olviden que la injuria, calumnia y difamación son delito.