¿Cómo? —murmura, correspondiendo a su mirada cómplice. La brisa osada le revuelve los mechones escarlata sobre las sienes, haciéndole cosquillas en los ojos.
Podemos subir caminando... —le dedica un vistazo por debajo de las pestañas, la mirada silvestre opacada durante la espera del permiso.— O puedo subirnos yo.
En ella. —apoya la cabeza contra su hombro y señala una de las torres del castillo tanto con la mirada como con un dedo. Es alta, enorme. El viento allí arriba debía ser espectacular.
@blxckondrexm —la palma de su mano, curtida por una fina película de escamas, acoge el cristal con cierta curiosidad. Brilla, y eso le atrae irremediablemente—. Sí. —admite, alzando la piedra refinada para enfrentarla bajo el fulgor pálido de la luna—. ¿Para mí?
—ladea suavemente la cabeza, entreabriendo la mirada y parpadeando atento, fascinado. Aunque fuese una carcajada ahogada, hacía mucho tiempo que no le escuchaba reír.
¿Cerdo rosa o cerdo rosita? —ríe sin abrir la boca, agudo. Una broma estúpida antes de abrir de par en par una de las grandes neveras. Algunos de los cocineros se asustan y chillan, pero el elfo no se inmuta.
¿Cerdo rosa o cerdo rosita? —ríe sin abrir la boca, agudo. Una broma estúpida antes de abrir de par en par una de las grandes neveras. Algunos de los cocineros se asustan y chillan, pero el elfo no se inmuta.
Mejor. No hay que partir. Eso es bueno. —deshace delicado la unión entre sus manos y se apoya en una de las encimeras metálicas, contemplando las diferentes neveras—. Cerdo.
Partes de cerdos muertos. —el elfo también facilita no ser vistos. Utiliza la magia de forma leve, ayudándose de ella para infiltrarse donde le convenga. Nadie que no quiera les ve o escucha.— ¿Qué te apetece? Elige lo que quieras.
¿En la nevera hay cerdos muertos? —la irrupción de Ryu es mucho más ruidosa, y aún así desapercibida. Una de las escasas ventajas de su ausencia en el mundo terrenal.