Marco Rubio lo clava sin piedad:
«Irán es un país dirigido por clérigos radicales. Tienen todo: petróleo, gas, una ubicación estratégica y una población joven. Podrían ser el país más rico de Oriente Medio, fácilmente.
Pero en vez de invertir en su gente, en carreteras, hospitales, educación o tecnología, regalan su fortuna al terror. La dan a Hezbolá, Hamás, los hutíes y milicias chiíes por todo Oriente Medio. Financian drones, misiles, un programa nuclear y terrorismo en todo el planeta.
Su prioridad no es el progreso, sino la destrucción. Si hubieran gastado ese dinero en su pueblo y su economía, hoy Irán sería el Dubái de Asia Occidental. En cambio, eligieron ser la capital mundial del odio.
Eso no es mala suerte. Es una decisión.»