Nadie sabe más de fe como una persona que lleva esperando tanto tiempo un proceso, en el que Dios ha tenido que formar su corazón de una manera exagerada para poder recibirlo.
La ingenuidad muchas veces es una decisión personal, es cegarnos a ver lo evidente y esperar que eso cambie de la noche a la mañana. La verdad es que hay que elegir dónde depositamos nuestras expectativas.
Hay personas que nunca van a saber cuánto las quise, cuánto las extrañé, cuanto las lloré, cuánto las necesite, cuánto las esperé y cuánto amor y vida me costó dejarlas ir...