El mundo necesita empresarios y comunicadores honestos y valientes que cuiden el bien común. A veces se escucha decir: “Los negocios son los negocios”. En realidad, no es así. Nadie está tan absorbido en una organización como para convertirse en un engranaje o una simple función. No existe un humanismo verdadero sin sentido crítico, sin el valor de plantearse preguntas: ¿hacia dónde vamos? ¿Para quién y para qué trabajamos? ¿De qué manera estamos mejorando el mundo?