Se suele repetir en las tertulias políticas que Pedro Sánchez ha demostrado a lo largo de estos años una gran inteligencia, aunque sea para hacer el mal. No es cierto. Cualquiera puede percibir que la acción política de Pedro Sánchez, el triunfo de su mantenimiento en el poder contra viento y marea, no tiene que ver con la inteligencia, sino con una total falta de escrúpulos. Carecer de límites morales permite una amplitud de movimientos, un privilegiado abanico de posibilidades del que carece quien haya vinculado su manera de moverse por el mundo a una brújula ética.
Maquiavelo sostenía que "es necesario que un príncipe que quiera mantenerse en el poder aprenda a no ser siempre bueno, sino a usar la bondad o la maldad según lo requiera la necesidad". Erasmo, en cambio, defendía en su Institutio principis christiani que el gobernante debe guiarse por los principios morales del cristianismo, priorizando la virtud, la justicia y el bienestar social: "El príncipe debe gobernar no para su propio beneficio, sino para el bien de sus súbditos, imitando a Cristo, que vino a servir y no a ser servido." Mientras Maquiavelo prescribía para el gobernante las virtudes del zorro y el león, Erasmo abogaba por el ejemplo del cordero, símbolo evangélico de humildad y de servicio. La astucia y la fortaleza (eso que ahora llaman "resiliencia") no son necesariamente síntomas de inteligencia, del mismo modo que el instinto de supervivencia puede ser compatible con la estolidez.
Pedro Sánchez, y con él todo el socialismo español, navega desde hace décadas sin restricciones éticas, priorizando las decisiones oportunistas sobre la moralidad. Igual matan etarras que pactan con ellos y los blanquean. Del mismo modo predican la bondad de los impuestos para financiar la educación y la sanidad como los invierten en una multimillonaria administración paralela de sobrinos y sobrinas enchufados. Tanto predican el feminismo como evidencian no importarles que su máximo dirigente haya escalado en el partido gracias al lucrativo y degenerado negocio de la prostitución.
No es brillante quien cambia de principios como de chaqueta. Es simplemente alguien que antepone sus sentidos primarios al bien común. La ausencia de escrúpulos no es señal de inteligencia, sino de atropellada y suicida desviación moral. Una desviación moral que tarde o temprano acabará pasándoles factura.
@MarcosdeQuinto de Objetos de Metales Preciosos (Convenio de Viena o de Contrastación), que entró en vigor el 27 de junio de 1975. La ausencia de contrastes indica que podrían ser anteriores a dicha regulación internacional, por lo que difícilmente pueden considerarse un regalo árabe