Así llega la “ayuda humanitaria” a Otavalo: no son medicinas ni alimentos. Son bombas lacrimógenas para ahogar voces. Este video desnuda el alma de un gobierno que tiene todos los recursos económicos para destruir a su propio pueblo.
De día, los comuneros siembran entre surcos; de noche, sobreviven al asedio de gases y tanquetas.
Lo que el gobierno presenta como “control del orden”, ellos lo sienten como una herida que no deja de sangrar.
Maritza rechaza el estigma de “terrorista”: dice que sus hijos ya no duermen tranquilos, que el uniforme policial —que debería inspirar protección— se ha vuelto su peor pesadilla.
La represión en Ecuador tiene nombre y rostro:
Se llama San Miguel del Común: una pequeña comuna al norte de Quito que el poder quiso silenciar… y terminó convirtiéndose en el símbolo de la resistencia popular.
En el parque central guardan los casquillos de las bombas.
Cada uno es una prueba.
Un recuerdo de las noches en que la Policía convirtió el cielo de San Miguel en una nube tóxica.