Claudia Sheinbaum es la presidenta rehén con rostro de mirada dura y alma rota. No inaugurará la Copa Mundial por su temor a una rechifla. Regaló “su boleto” a una joven como propaganda ya olvidada e intrascendente.
Dijo que iba a acompañar la selección en el Fan Fest en el zócalo. Ahora, por fortuna para ella, también se cancelará ese evento en el zócalo por el amago de sabotaje de los maestros. Si no, también podría ser agredida por maestros enojados con el gobierno o comerciantes también enojados con el gobierno.
De ahí la presidenta rehén. Rehén de sus errores, rehén de sus filias y fobias, rehén de AMLO, rehén del narcotráfico, rehén de la guerrilla de la CNTE-EPR.
Doña Carlota, de 74 años, saldrá de prisión y llevará el proceso en arresto domiciliario.
Tendrá que pagar 250 mil pesos, entregar el pasaporte y presentarse periódicamente ante el juzgado.
Y aquí viene el retrato brutal de este país:
una mujer mayor termina pagando y restringida por defender su propiedad en Chalco, mientras los invasores y delincuentes suelen gozar de más consideraciones que las víctimas.
Así de torcida está la lógica.
En México, parecería que el que se mete, despoja y amenaza tiene más protección que el dueño legítimo.
Luego se preguntan por qué la gente siente que la ley ya no protege al ciudadano honesto, sino al abusivo.
Qué mensaje tan perverso manda el sistema:
si te invaden, cuidado con defenderte…
porque al final el castigado puedes ser tú.
Más claro imposible: en este país, el gobierno ha terminado siendo mucho más duro con quien se defiende que con quien delinque.