Y lloramos los dos con el consuelo de la compasión verdadera, de los besos verdaderos, que surgen en algunos como surge toda cosa verdadera, porque sí, mientras otros se esfuerzan y nada logran, ni consolar, ni besar, ni nada (S.G.).
...huyo hacia los portales donde el río espera como siempre, harto de una sabiduría que me dice que solo la locura es nuestra, solo ella y la muerte lo que deseamos (S.G.).
Habrá llegado para él el día en que tabla y putrefacción se le aparezcan como el segundo paraíso perdido. En que vuelto llavero, anillo, comprenda que lo tomado por infierno era manso purgatorio. El día en que la nostalgia del sufrimiento insufrible no lo deje vivir. (S.G.).
Las personas que se vuelven inválidas tienen la sensación de que les roban algo. Pero supongo que yo siempre he creído que… si reconozco que lo soy, habré admitido mi derrota (H.Y.).
Piensa todas las cosas que buscas en una persona —química sexual, buena conversación, seguridad económica, compatibilidad intelectual, gentileza o lealtad— y escoge tres. Tres, eso es todo. Tal vez cuatro, si tienes suerte. El resto está en otra parte (H.Y.).