Bañarse sirve para todo. Para despertarse. Para sacarse el frío o sacarse el calor, para pensar, para no pensar, para pasar el tiempo, para hacer tiempo. Para distraerse. Para escuchar música y cantar en paz. Cómo puede haber gente que no le guste bañarse?
La reputación de muchos hombres está a salvo gracias al silencio de muchas mujeres y la de las mujeres está manchada gracias a las mentiras de muchos hombres.
Las mascotas son el ejemplo más bonito y claro de que el amor no necesita tantas palabras. Se demuestra en la lealtad, en los pequeños gestos, en la compañía y en estar ahí, siempre, sin pedir nada a cambio.
Hay personas que lograron superar sus peores momentos gracias a un perro que insistía en salir a pasear o a un gato que nunca dejó de acostarse a su lado. No son mascotas, son familia, y no pienso discutirlo.
Mi papá y mamá nunca me dijeron: “búscate un novio con dinero”. Ellos decían: “estudie, trabaje y así no dependa de nadie” y con el tiempo entendí que esa fue la mejor herencia que pudieron darme: la libertad de valer por mí misma, sin deberle mi dignidad a nadie.
Yo no le mando solicitudes a los novios de mis amigas, ni mucho menos reacciono o comento sus fotos como si fuésemos amigos o algo así, mi amistad es con ella, no con su pareja. Se llama
respeto.