Haber tenido un gobierno de Petro y tener a la mitad del país creyendo en Cepeda, es un logro gigante de la izquierda, teniendo en cuenta lo facha, goda, derechoza, conservadora, religiosa y paraca que ha sido toda la vida Colombia.
Fuimos siempre minoría, hoy somos la mitad.
Se burlaron con clasismo de Aida Quilcué diciendo que no estaba preparada para ser fórmula vicepresidencial. Y en las entrevistas con Caracol y RCN quedó demostrado que el que realmente no está preparado para gobernar a Colombia es Abelardo. Un ignorante con corbata.
cómo puedes ser tan miserable e inhumano de llamar "daños colaterales" a los falsos positivos (???) definitivamente que amar al prójimo en épocas electorales es IMPOSIBLE
Te odio Abelardo y odio que digas que Cepeda es guerrillero cada vez que puedes porque él solo es una víctima del conflicto armado, mientras que TÚ defendías paramilitares dejándolos impunes por matar inocentes para irte a tomar un Starbucks.
El problema no es Abelardo, el Man se muestra como es, vivaracho, embustero, hablador de mondá, racista, clasista, homófobo, misógino.
El problema es la gente que vota y se identifica con él.
De acuerdo, Petro no hizo nada. Solo aumentó el salario mínimo, creó el contrato laboral para aprendices del SENA, adelantó la jornada nocturna a las 7 pm, restituyó el 100% de recargos dominicales y festivos, eliminó el servicio militar obligatorio, impulsó el Servicio Social para la Paz, aumentó el turismo en un 137%, redujo la mortalidad materna y llevó agua potable a más de 2,1 millones de colombianos.
Nada, no hizo nada. Solo entregó más de 1.500 ambulancias, recuperó el San Juan de Dios, vinculó a más de 30.000 jóvenes al programa Jóvenes en Paz, destruyó 22.000 laboratorios de coca, prohibió las corridas de toros, garantizó el derecho a la protesta, fortaleció los apoyos a adultos mayores, eliminó la prima especial de los congresistas, formó a más de 400.000 campesinos en el SENA, entregó millones de paquetes alimentarios y le devolvió más de 2,5 millones de hectáreas de tierra a manos campesinas.
Sí, Petro no hizo nada o al menos eso dicen quienes no aceptan que el primer gobierno progresista cumplió y profundizáremos el cambio este 21 de junio con Iván Cepeda y Aida Quilcué.
1. La columna de IA sobre Cepeda
CEPEDA: No es un cheque en blanco
En tiempos de polarización, la política suele premiar los gritos por encima de los argumentos. Quizás por eso encuentro valioso que existan figuras públicas que, independientemente de que uno comparta todas sus posiciones, han construido su trayectoria alrededor de la defensa de causas y principios específicos. Para mí, Iván Cepeda es una de ellas.
Mi afinidad con su proyecto no nace de la idea de que tenga todas las respuestas ni de que represente la perfección política. Surge de la convicción de que Colombia necesita fortalecer la defensa de los derechos humanos, la lucha contra la impunidad y la búsqueda de soluciones negociadas a conflictos que durante décadas han dejado víctimas en todos los sectores de la sociedad.
Lo que más me atrae de su visión es la insistencia en que la democracia no puede medirse únicamente por indicadores económicos. Una democracia también se construye a partir de la capacidad de escuchar a quienes históricamente han sido excluidos, de garantizar derechos y de proteger a quienes enfrentan situaciones de vulnerabilidad.
Sé que Iván Cepeda es una figura que genera controversia. Para algunos representa una visión del país con la que no están de acuerdo. Pero precisamente ahí radica una de las fortalezas de la democracia: en la posibilidad de debatir ideas sin convertir al adversario en enemigo.
Mi cercanía con su propuesta también tiene que ver con una manera de entender la política. Prefiero una discusión centrada en argumentos, evidencia y construcción institucional antes que una basada exclusivamente en la confrontación permanente. Colombia necesita soluciones, pero también necesita puentes.
Por supuesto, apoyar una candidatura no significa renunciar al espíritu crítico. Ningún líder político debería estar exento de cuestionamientos ni de control ciudadano. La democracia exige respaldo cuando hay aciertos y exigencia cuando hay errores.
Si hoy siento afinidad con una propuesta como la de Iván Cepeda, es porque veo en ella una apuesta por un país que intenta resolver sus diferencias a través del diálogo, la justicia y las instituciones. Puede que otros ciudadanos lleguen a conclusiones distintas, y eso es legítimo. Pero esa es, al menos, la Colombia en la que me gustaría creer.
Keiko Fujimori perdió en Perú y Abelardo de la Espriella perdió en Colombia.
Lo decreto, lo declaro y lo manifiesto en el nombre de nuestro señor Jesucristo, amén.