Y entre tantas cosas, estos últimos meses del año aprendí a tejer. Y, sin darme cuenta, entendí que quizá la vida también es eso: aprender a tejerla con nuestras propias manos, elegir los hilos, los colores y el camino, sin tener que hacerlo como los demás esperan.
Hay actitudes que no merecen explicaciones ni segundas oportunidades, solo distancia. A veces, alejarse en silencio es la forma más clara de poner un límite.
Si de agradecer se trata, también agradezco a la vida por enseñarme, a través de ciertas personas y experiencias, quién no quiero llegar a ser y qué clase de vida no quisiera vivir.
Qué planeta tan aburrido: ni hadas, ni elfos, ni sirenas, ni dragones, ni vampiros, ni hombres lobo... Solo facturas, estrés, chismes y gente insoportable.
Créanme yo siempre perdono todas las cosas que me hacen, pero jamás
JAMAAAAAAAAAAAAAAS olvido como me afectó. Por esa razón, ya nada vuelve a ser igual con esa persona