Ve a entrenar. No se lo digas a nadie.
Sal a correr. No se lo digas a nadie.
Come sano. No se lo digas a nadie.
Lee un libro. No se lo digas a nadie.
Viaja. No se lo digas a nadie.
El que guarda su boca y su lengua, guarda su alma de problemas.
"He regresado del infierno, no como víctima, sino como forjador de mi propio acero. El sufrimiento no me destruyó; me esculpió. Y ahora sé que las cicatrices no son heridas abiertas, son marcas de sabiduría."