Lo curioso es que quienes más presumen de defender el fútbol femenino son los primeros en convertirlo en una herramienta ideológica. Cada convocatoria, cada partido, cada gesto, lo reducen a un acto político. No importa si una jugadora está en forma, si encaja en la estrategia o si hay mejores opciones deportivas: lo que importa es si encaja en el relato.
El fútbol femenino necesita profesionalidad, estabilidad y meritocracia, no mártires ni activismo mediático. Lo están utilizando como una pancarta para alimentar una agenda política, no como un deporte que merece su propio espacio, crecimiento y respeto. Luego se sorprenden de que no genere tanto interés o de que la gente desconfíe. ¿Cómo no va a pasar si cada noticia parece más un panfleto ideológico que una crónica deportiva?
Si de verdad les importara el fútbol femenino, hablarían del juego, de las jugadoras convocadas, de los rivales, de la táctica. Pero no, siempre es lo mismo: Rubiales, el patriarcado, el machismo, el relato.
Mientras tanto, las que se lo curran de verdad en el campo quedan en segundo plano. Ya basta de usar al fútbol femenino como campo de batalla ideológica. Lo que necesita es ser tratado como lo que es: deporte, no propaganda.
Europa tiene una solución legal, sencilla y eficaz para frenar el negocio de la carne halal y la influencia que ejerce sobre nuestras ciudades: prohibir la importación de carne que no cumpla los estándares europeos de bienestar animal.
Muchos países ya han prohibido el sacrificio ritual sin aturdimiento dentro de sus fronteras (Bélgica, Suecia, Dinamarca...). Pero permiten la importación de carne halal desde el extranjero, lo que deja abierta la vía de escape: siguen abasteciendo carnicerías, restaurantes y festividades religiosas sin tocar la base del problema.
La clave está en aplicar un principio lógico: toda carne que se consuma en la UE debe cumplir las mismas normas de bienestar animal que se exigen a nuestros propios ganaderos. Esto incluye el aturdimiento obligatorio antes del sacrificio.
Con eso, no hace falta mencionar religiones. Se aplica la ley igual para todos. ¿Resultado? La carne sacrificada según los rituales tradicionales halal o kosher queda automáticamente fuera del mercado, salvo que se adapten a nuestras normas.
Esto no viola la libertad religiosa, porque no se impide a nadie practicar su religión. Pero sí se acaba con el privilegio legal y económico de mantener una industria paralela que rompe la integración, promueve el clientelismo religioso y subvenciona la separación cultural.
La carne halal es uno de los pilares económicos y simbólicos del islam político en Europa. Si se corta ese flujo, se golpea de lleno su influencia, su financiación y su capacidad de presión.
Aplicar esta medida a nivel europeo es perfectamente legal. Solo hace falta voluntad. Los países que lo impulsen serán acusados de todo, pero defenderán su soberanía, su cultura y a los europeos que sí cumplen la ley.
¿Quieren quedarse? Que coman como nosotros. ¿No quieren? Que se marchen
Lleva años, sí. Igual que otras muchas cosas que nunca se debatieron y se colaron sin preguntar.
Y por eso mismo ya va siendo hora de poner límites.
No se trata de lo que lleve tiempo, se trata de lo que nunca debió permitirse.
Europa no puede sostenerse sobre la base de sistemas legales paralelos.
O se respetan nuestras leyes, o no se hace negocio aquí. Punto.
Esta ideología no busca liberar, sino fabricar generaciones de idiotas útiles: débiles, sumisos, sin identidad ni criterio. Les enseñan a decir “todes”, a odiar su historia y a vivir como víctimas. Mientras tanto, sus líderes defienden el velo, callan ante el islamismo y algunos hasta cobraron de Irán (HispanTV) o del chavismo. Cada día es más evidente: están financiados o utilizados por regímenes islamistas para debilitar Europa desde dentro. No es inclusión, es infiltración. Y les están dejando el camino libre.
Lo que haces no es diplomacia, es activismo ideológico a costa del prestigio de España. Te presentas en otro país a provocar, insultas a su gobierno y encima pretendes dar lecciones. No representas a nadie más que a tu agenda. Si de verdad te importaran los derechos, empezarías por respetar las soberanías ajenas.
No hace falta ser economista, basta con informarse: según estudios independientes (AIReF, FEDEA) eliminar duplicidades entre Estado y autonomías ya supondría cerca de 25.000 millones al año. Súmale racionalizar subvenciones políticas y eliminar fraude en subsidios (otros 25.000 millones), optimizar administraciones locales (7.000 millones), cooperación exterior no estratégica (1.000 millones) y limitar ayudas a extranjeros no cotizantes (2.000 millones). Ya tienes el 5% sin recortar ni pensiones, ni educación, ni sanidad básica. El problema es que eso implica menos sillones y menos chiringuitos.
Has unido el sufismo andalusí herético con el grito de la España franquista.
Lo tuyo es como gritar “¡No pasarán!” y “¡Viva la Falange!” en la misma frase.
Ni Al-Ándalus te quiere, ni España te toma en serio.
Vuelve al traductor, que se te ha roto el personaje.
#CalifaDeTeclado #SufíDeWikipedia #CristianitoTeDaUnRepaso