muriendo más inocentes.
——— Bien, te ayudaré, con la condición de que no me ocultes información importante, no quiero segundas intenciones, tampoco quiero que nadie más muera por. . . tus caprichos.
Dijo la joven Kiramman mirando con desprecio al miserable monarca.
la manera, ya lo hubiera aniquilado sin un gramo de remordimiento, cientos de personas habían perecido por el capricho de un alma en pena, pero debía calmarse y negociar, al menos hasta conocer la debilidad del espectro y así poder aniquilarlo, de lo contrario, solo seguirían
implacable, escuchó atentamente, frunciendo el ceño, no tardó en cambiar esa expresión de disgusto a una de furia total.
——— Me estás diciendo que acabaste con tanta gente inocente, POR UNA MUJER QUE NI SIQUIERA SABES DONDE ESTÁ.
La chica presionó su arma con fuerza, de conocer
la caída.
——— Bien, te escucho.
Dijo sosteniendo su arma con una mano mientras con la otra se acomodaba la coleta. A pesar de mantenerse tranquila, por dentro estaba aterrada, pero sabía que no iba a poder hacer nada si seguía huyendo, pues la bestia esmeralda parecía ser
Podía sentir el frío sepulcral en sus botas, cuando nuevamente aquel hombre se manifestó de la niebla, con una espada que le impuso cierto temor la la sheriff, la cual resignada se humedeció el labio inferior cortado, sacudiéndose algunos cristales que se le habian adherido en
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La chica se levantó con dificultad de aquella caida, suspiró magullada para tomar su arma y correr como podía, había sido un movimiento desesperado y no muy calculado de su parte, rápidamente notó como la niebla subía por los costados
El sonido del cristal rompiéndose contra el cuerpo de la mujer fue un estruendo que llegó pronto a sus oídos. Había seguido su anatomía con la mirada hasta que esta desapareció después de cruzar el umbral de la ventana.
Sus labios emitieron un suspiro del que no salió nada, +
Del edificio, rodeandola de manera intimidante, pero ella no paraba de correr, saltando entre los tejados con esmero y cansancio, hasta que la bruma la rodeó completamente, allí suspiró cerrando los ojos, cómo si aceptara un destino brutal.
——— Bien, calma . . . calma.