ENCERRARON A LOS DEL #Free4tico Y AHORA SE LES LLENÓ EL CUARTICO | tiemblen comunistas asquerosos, la libertad avanza. ALUMNO MIO CUANDO DABA CLASES EN LA SECUNDARIA
A ti zurdo de mierda.
Si usted no pasó hambre como yo, si usted no sufrió apagones como yo, si usted no tuvo agua como yo, si usted no padeció en un hospital sucio y destruido como yo, si usted no lloró por no tener dinero para darle de comer a sus hijos como yo, si usted no fue detenido injustamente por la policía como yo, si usted no fue esclavo de un régimen en trabajo forzado en el campo siendo una niña como yo, si usted no vivió dentro de la mentira por 40 años como yo, entonces cállese ‼️
Como dictador puesto a dedo, tendrás que responder por todas las atrocidades que tú y tus antecesores le hicieron al pueblo cubano.
Por las avionetas de Hermanos al Rescate derribadas en sangre fría.
Por los fusilamientos.
Por los presos políticos.
Por las familias destruidas y obligadas al exilio.
Por un país secuestrado durante décadas por el miedo y la represión.
No representas al pueblo. Representas a una maquinaria criminal sostenida a base de terror.
La historia no olvida.
La justicia llega, tarde o temprano.
Y la impunidad se acaba.
Si tienes un mal día y te sientes mal ,recuerda que hay gente que le dio dinero a Pablo Iglesias para montar un bar mientras él viaja en primera clase, alquila un ático en MexicoD.F. y se va a esquiar en Navidades jajajaaja
Como muchas personas, mi corazón está a la izquierda. Siempre he votado por alguna variación de ella. Mi forma de entender el mundo tiene raíces profundas tanto en el marxismo como en sus críticas desde la misma izquierda, de Camus a Orwell. Pero descubro que lo que me separa de la izquierda oficial —o al menos de su versión tuitera— es precisamente el corazón.
Porque soy de izquierda, mi primer impulso ante la caída de Maduro es una alegría visceral. No por quien la provocó —Trump no despierta en mí ninguna simpatía— sino por los millones de venezolanos que llevan años huyendo de una parodia grotesca del socialismo. Por las madres que no han visto crecer a sus hijos. Por los profesionales manejando Uber en Santiago. Por los que murieron cruzando el Darién.
La izquierda que conozco en Twitter piensa al revés: primero el antiimperialismo, después la soberanía, luego la no injerencia, y al final —si queda espacio— los venezolanos. Como si el principio de no intervención pesara más que los cuerpos torturados en El Helicoide. Como si los derechos humanos del tirano importaran más que los de sus víctimas.
Este reflejo automático se repite en cada crisis. En Cuba, la corrupción dinástica de los Castro siempre pesa menos que el embargo. Cuando las iraníes se quitan el velo y enfrentan a los mulás, la izquierda busca primero denunciar a la CIA. Cuando quemaron el metro en Santiago, había que entender la rabia antes que lamentar a la cajera que no pudo llegar a su trabajo. No importa que los mulás ejecuten homosexuales, que los muyahidines lapiden mujeres, que los Castro encarcelen poetas: si están contra Estados Unidos, merecen comprensión.
Entiendo el razonamiento. Conozco la historia de las intervenciones, los golpes de Estado, la Escuela de las Américas. Sé que Estados Unidos no regala nada y que Trump es un personaje siniestro. Pero lo que no puedo entender es la ausencia de emoción humana elemental. Esa frialdad doctrinaria que no se conmueve ante los videos de venezolanos llorando de alegría en las calles de Caracas. Que no siente nada ante las iraníes cortándose el pelo en señal de rebelión. Que siempre tiene un "pero" listo antes que un abrazo.
Preferiría, por supuesto, que los venezolanos hubieran derrocado solos a su tirano. Pero sé —porque la historia lo enseña— que pocas dictaduras caen sin alguna forma de presión internacional. La chilena no lo hizo. La argentina tampoco. La española menos. Y de todas las salidas posibles después del fraude brutal de julio, esta es de las menos sangrientas.
Hoy los venezolanos celebran. Las calles de Caracas se llenan de una esperanza que creíamos muerta. Y yo, que sigo siendo de izquierda precisamente porque creo en la dignidad humana antes que en las abstracciones geopolíticas, celebro con ellos.
Mañana habrá tiempo para analizar, criticar, contextualizar. Hoy, solo hoy, déjenme sentir esta alegría sin pedir permiso al manual del buen antiimperialista. Déjenme poner el corazón donde siempre debió estar la izquierda: del lado de la gente, no de los mapas.