de sus uñas de los pies arregladas, de su forma de moverse, de su sonrisa.
Tanto, que llegabas a obsesionarte con verlas.
Y yo, que solo quería sentirme vista, admirada y deseada por ti, no lo era.
Pero no porque no fueras capaz de hacerlo, sino porque yo no era ellas.
Ahora entiendo que todo aquello que siempre quise que vieras en mí, sí eras capaz de verlo.
El problema nunca fue que no pudieras apreciarlo, sino que no lo hacías conmigo.
En ellas sí podías notar lo lindo de su cuerpo, de su cabello, de sus labios pintados