Dejé de rescatar a quienes se hunden porque entendí, con brutal claridad, que seguir entregándome a sus naufragios solo era otra forma de autodestruirme: ya no soy su salvavidas, soy el dueño de mi propia respiración.
Hay algo poderoso en llegar a un lugar donde nadie te conoce.
Todo es nuevo, sin expectativas ni versiones pasadas.
El anonimato te vuelve lienzo en blanco.
Sales de tu zona de confort y empiezas otra historia.
Una bonita. Tuya.