Pagas una entrada, te quedas de pie para ver a tu cantante favorito y te lo recriminan porque detrás hay una chica que no puede levantarse. Si quieres estar sentada vete a la ópera.
Nunca he olvidado, ni nunca podré olvidar, ese momento en que Sam Neill nos representó a todos los que amamos y a los amarán en las generaciones futuras a los dinosaurios. Gracias por tanto, eterno doctor Alan Grant.