se quedó estancada por un cadáver en el suelo. Empuja un tanto más, encontrándose de pleno con la bella damisela.
—Ah... —logra suspirar, volviéndose para cerrar la puerta tras suyo—. ¿Qué has hecho en mi ausencia, mi preciosa niña? Vaya desorden.
El Palacio se habría vuelto el resguardo perfecto para su más preciada niña en el periodo que Arlecchino se encontraba fuera.
Reclutas nuevos, sus niños que tan a salvo se encontraban bajo su manto, ahora se encontraban en la Casa de la Hoguera descansando. Era finalmente el >
molestarle. Una sonrisa de sosiego acompañaba la expresión determinada en encontrarla a ella, con un souvenir en sus manos: una bella caja adornada con un lazo rojo.
El taconeo de Arlecchino llega al lugar que más esperaba: sin previo aviso, abre la puerta la cual a principios >
El humo del cigarrillo viaja de entre los labios de la incordial heraldo a la bella Columbina, quien en su regazo se encontraba sentada.
Como era costumbre, la mayor era una mujer que, aunque no buscaba abrirse al público, era completamente distinta cuando se encontraba a >
@THEDAMlSELL un ágil movimiento el frágil cuerpo se encontraba acorralado bajo el de la mayor, imposibilitándole cualquier vía de escape.
—Te haré olvidar a "Rosalyne", Columbina —susurra, dominante y estableciendo que era ella quien tenía el control allí—. Eres 𝗺𝗶́𝗮. Te prohíbo ignorar >
@THEDAMlSELL ese desquiciado está utilizándote para sus experimentos extraños, lo mataré —la mujer frunce el ceño, hablando totalmente en serio. Si el fatui llegase a hacerle algo a su amada… quemaría el mundo por tomar venganza.
—¿Me escuchaste fuerte y claro, Columbina?
@THEDAMlSELL dos direcciones distintas. Acarició la nuca ajena con sus dígitos, y luego lentamente se dirigen a sus clavículas.
Lento, suave, cariñoso.
Escuchó atenta las melodiosas palabras de Columbina:—¿Ah, sí? Deja de tomarlos.
Ordena, en un murmullo.
—Si me llego a enterar de que >