Una semana después, miles de venezolanos amanecen todavía entre escombros, entre la incertidumbre de no saber cómo vuelven a empezar. Y a ese dolor se suma otro, el de ver llegar la ayuda tarde, a cuentagotas, condicionada. Un Estado que debía protegerlas no llegó.
Las víctimas son madres que perdieron la casa que construyeron toda su vida. Son niños que ya no tienen dónde volver. Son ancianos que esperaron una respuesta que nunca llegó. Son hombres que se dejaron las manos rescatando a amigos, familias y hasta a desconocidos. No pueden ser solo cifras al final del dia.
Esta semana también hemos visto a personas que exigen. Que se plantan frente a la indolencia y encuentran fuerza contra sus propios miedos. Cuando el Estado abandona, es la propia gente la que se hace responsable de exigir lo que le corresponde. Eso es la muestra de dignidad de un pueblo.
Hay rabia acumulada sobre años de promesas incumplidas, sobre la certeza de que quienes debían actuar primero y no lo hicieron, sobre la indolencia.
Vienen tiempos duros. El pueblo venezolano se sostiene entre sí, con la fuerza de siempre.
Seguimos exigiendo lo que se sigue negando, verdad y justicia para cada víctima.
*el tipo amenaza el viernes a la noche con invadir iran*
*espera a que sea sabado 3am cuando nadie se lo espera*
*procede a bombardear caracas y detener a maduro*
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