¡Basta!-grite, al sentir sus labios en los mios-. ¡Dejame en paz! Tu no me quieres por lo que soy. ¡Me quieres porque mi cara se parece a la suya! A veces, ¡odio mi cara!
Me mira. Contengo la respiración. Espero que no se dé cuenta de que basta una mirada suya para dejarme sin aliento. Cosa que, por otra parte, no me gusta nada. Me siento débil y perdida.
Me siento en sus piernas, y él me rodea la cintura con un brazo. Siento una sacudida en la espalda.
Apoya su barbilla en mi hombro y al sentir su respiración en el cuello me estemezco.