El cómo te vas de la vida de alguien importa y mucho. Las relaciones pueden romperse en cualquier momento pero se puede no hacer más daño de la cuenta teniendo una despedida que le haga justicia a lo que hemos compartido. Explicar, expresar y ser coherente con la decisión para evitar la ansiedad de no saber si vuelves. Cuidar la historia en común poniendo por delante el bienestar de quien se queda con el amor en las manos. El cómo te vas determina cómo serán los nuevos comienzos de una persona. Y la responsabilidad afectiva también implica cuidar esto
yo seguiré vomitando del dolor de regla todos los meses porque no encuentran una solución que no sea meterme hormonas que me hagan querer pegarme un tiro todos los dias de mi vida no os preocupeis panda de inútiles!!!
Hace ya muchísimos años que deambulo por el mundo buscándole sentido a la vida y al final, todo se reduce a la belleza inagotable de lo mundano: salir a comer, correr por el monte, conversar con los amigos,ver películas, leer libros. El sentido de todo está en lo cotidiano.
Que tengamos que estar los sevillanos tragando madrileños y paletos de toda índole que se ponen botines blancos con el traje y las flores al lado de la cabeza y su puta madre y te vas a quejar porque una chiquilla compagine sus dos culturas yo me voy a cagar en todos tus muertos.
Se fue Pepe.
Y no es solo la muerte de un expresidente. Es el final de una forma de estar en el mundo que ya casi no existe.
Un tipo que pudo ser millonario, pero eligió ser pobre. Que estuvo 13 años preso, 7 incomunicado, y no salió a buscar venganza. Salió a sembrar diálogo. En el barro, en la chacra, entre perros y libros. Sin discursos marketineros. Con silencios que pesaban más que muchas palabras.
Pepe fue un estoico moderno. Un "neo-estoico". No por moda, sino por práctica: vivía con lo mínimo, asumía el dolor sin dramatismo, aceptaba lo inevitable y hablaba de la muerte como quien habla del tiempo. Le puso cuerpo a ideas que muchos solo postean.
No necesitó trajes. No necesitó poder. No necesitó demostrar nada. Gobernó con lo que tenía: ideas, calle-estaño- y , paciencia y una ética que a veces era incómoda hasta para los suyos.
¿Contradicciones? Miles. Como todos. Pero tenía lo que escasea: coherencia. Esa rara forma de pensar, decir y hacer en la misma dirección.
Mientras otros se sacan selfies por todos lados, él regaba tomates. Mientras otros facturan con charlas vacías, él hablaba de amor, de muerte, de límites. De vivir con menos para ser más.
Se fue un referente. Un tipo que no hablaba de revolución: la vivía. Y que no necesitaba que el mundo lo aplaudiera para sentirse en paz.
Pepe ya no está. Pero si algo queda de él, es la certeza de que se puede hacer política sin traicionarse.
Buen viaje, viejo.
El señor de la gorra me representa. Y representa a millones de ciudadanos que piensan así, aunque ese tipo de opinión no se vea tanto en esta red. Somos más. Y lo saben. Por eso hacen tanto ruido.