Después de escuchar el discurso de Cepeda, me queda la tranquilidad de haber votado por convicción. Habló con respeto, llamó al diálogo y no recurrió a insultos ni a discursos de odio. Muchos lo juzgaron pensando que sería igual a Petro y terminamos perdiéndonos la oportunidad de conocer a un gran hombre. Qué lástima.
Votaron por la guerra quienes están más alejados de ella. Este país tiene memoria, pero no tiene empatía, y lo que no nos toca no nos importa. A Colombia no la mata la ignorancia, la mata el inhumanismo.
Abelardo De La Espriella puede ser el presidente de Colombia pero no será hoy ni nunca el mío. Lo aborrezco a él, a toda su gente, a su fraude y a su campaña sucia.