Tras los 70.000 compartiendo este mismo contenido en Telegram, los 32.000 de un grupo de FB en italia, los 62 millones de visitas al foro sobre violaciones, tras Pelicot y el caso similar en Alemania en el que se organizaban violaciones grupales... Tenemos otro not all men.
José León Trejo fue maestro republicano, defensor de la educación pública y laica, concejal en el Ayuntamiento de Sevilla y padre de 8 hijos. Fue fusilado por el fascismo en Pico Reja, mayor fosa común de represaliados del franquismo en España.Hoy ha sido enterrado por su familia
Pues yo vivo en el barrio de San Julián y lo que nos alarma e indigna a los vecinos es la presencia de los matones de Desokupa García en el barrio, junto a un colegio y amenazando a vecinas y artesanas.
Y la construcción de un nuevo hotel que vacía nuestro barrio, claro.
«(…) Fue el día que Ramoncito apareció colgado por los cordones de sus zapatos junto a la sacristía, las monjas se volvieron locas porque había pasado la noche con don Juan Manrique de Lara, el cura ciego de la parroquia de Santo Domingo.
El niño tenía la lengua afuera asfixiado por la soga fina, no aguantaba más, le pasaba como a todos nosotros que eramos follados día sí día no por aquellas bestias con sotana.
Me acuerdo que vino hasta el obispo Pildaín el vasco, los hombres de Falange, el jefe de la guardia de asalto y un teniente de la guardia civil con el bigote finito que se llamaba Fernando Tejada de Rivera, era gallego y tenía fama porque era de los que torturaban en el Gabinete Literario y la comisaría de la calle Luis Antúnez, lo que es ahora el Colegio La Salle, lo taparon todo porque no se supo más de aquel suceso.
Ramón Ramírez Cabrera tenía el culito destrozado, con los calzoncillos llenos de sangre por las hemorragias, lo que hizo cuando lo trajeron a la Casa del Niño fue irse directo a la torre de la dama blanca, allí se quitó los zapatos, se amarró el cuello con las sogas chiquitas y se colgó de los hierros del campanario.
Pasó un tiempo sin que vinieran los curas borrachos aquellas noches terribles, pero a los pocos meses todo volvió a lo mismo, se olvidaron del suicidio del hijo de Pedro Manuel Godoy, el comunista aldeano, volvieron a lo mismo, a toquetéarnos en nuestras camas, abusando de nosotros como si fuéramos putas pagadas, pero éramos niños, que en muchos casos, como el mío, no pasábamos de los doce años, indefensos en las manos de aquellos abusadores con Rosario al cuello jediendo a sahumerio…»
Testimonio de Floreal Benjamín, hijo de asesinado por los falangistas, desaparecido en los pozos de Guayadeque (Aguimes) en mayo de 1937.
Entrevista realizada por Francisco González Tejera, el 14 de febrero de 1998, en Casa Pastores, Santa Lucía de Tirajana.
«(…) A las casas de putas del Lugo y de Vegueta traían a la hijas de los republicanos asesinados, muchachas de todas las edades, incluso niñas de diez o doce años, era lo habitual, se llevaban a sus padres para asesinarlos, desaparecerlos y luego secuestraban a las hijas y a sus esposas para violarlas, asesinarlas o sacar dinero con ellas en la prostitución. Muchos policías, falangistas y militares eran dueños de los prostíbulos, por lo que se convirtió en un gran negocio. Había tipos que pagaban una gran cantidad de dinero por estar con una muchacha virgen, no te puedes imaginar el dinero que se movía esos años entre el 36 y principios de los 40. Yo trabajaba en la casa de Rosita Cruz, en la calle 18 de julio, era una puta más, no muy agraciada, de las baratas podemos decir, pero cuando llegaron las hijas de los republicanos aquello fue un escándalo. Venía toda la jerarquía, jefes falangistas, militares y guardias civiles de alta graduación, curas de todas las parroquias, varios clérigos que eran la mano derecha del obispo Pildaín Sapiaín. Todos a follarse a las muchachas, a cogerse borracheras que nunca habíamos visto, cada noche peleas en las calles y en las casas donde trabajábamos. Me acuerdo de ver aquellas pobres niñas allí expuestas, temblando de miedo y aquellos asquerosos eligiéndolas, chicas que nunca habían tenido relaciones sexuales en su mayoría, que apenas habían tenido contacto con hombres. Es de los peores recuerdos que tengo de esos años, yo entré en ese mundo por la pobreza de mi pueblo en el Sur de la isla, pero aquellas chiquillas eran obligadas, forzadas a ejercer la prostitución de por vida, hasta morir asesinadas por cualquiera de aquellos psicópatas o enfermas de purgación…»
Testimonio de Lolita Torres Sarmiento, prostituta en el barrio del Lugo (Las Palmas GC) en los años del genocidio.
Entrevista realizada por Francisco González Tejera, en el Polígono de Jinámar (Telde), el 15 de enero de 2001.
Ilustración obra de Castelao.