Ramón Bermejo se largó en 1952 a Uruguay, para evitar un juicio por robo con violencia en Galerías Preciados.
A su nieto, Matías Bermejo, le han concedido la nacionalidad y el derecho a voto.
(Me lo he inventado todo, pero es factible con la disposición de la Sra. Puente).
La libertad de expresión no es negociable. Incluso- y sobre todo- cuando se trata de aquello que no estás dispuesto a escuchar. De eso se trata. Todo es debatible.
Hay que tener unos huevos muy grandes (a big eggs, para mis lectores de Seattle) para venir con el cuento del racismo y la xenofobia en un país en el que durante décadas hemos sufrido formaciones políticas xenófobas, supremacistas y excluyentes.
Algunas te lo decían a tiros.