¿Cómo hago para hablar contra el odio sin sentir odio mientras pienso y escribo?
Miren atentamente el video! No el gol que nos llevó a la 2da etapa, sino al técnico.
Mírenlo corriendo hacia su familia tras el gol. Eso que ven es un ser humano celebrando lo que logró. Su trabajo dedicado a su esposa e hijos.
Y nosotros? sociedad patética, consumidos en el odio y la estupidez por perder un partido que no jugamos.
Lo insultaron a él y a los jugadores. Lo arruinaron con palabras cuando las cosas no salían como querían. Ayer era culpable de todo! Incluso apareció la más abominable bestia pidiendo "dos pepazos" para @EnnerValencia14! Qué enfermo burro miserable!
Así funciona el odio: destruye mientra puede, celebra cuando conviene, y nunca pide perdón por el daño hecho.
Cada uniforme tiene un nombre. Cada nombre tiene una historia. Cada historia tiene una familia que lo ama, que lo ve caer, que lo ve sufrir. Y nosotros, como sociedad, hemos decidido que eso no importa, a menos que ganen el partido.
El técnico corre a su familia hoy, pero ¿cuántas noches no durmió? ¿Cuántas veces leyó insultos, él, su esposa, sus hijos? Cuántas veces leyó las amenazas de muerte a sus jugadores? ¿Cuántas veces dudó de sí mismo?
El odio en el deporte es un espejo de la sociedad enferma que hemos construido. Una sociedad que consume vidas, que destruye dignidades, que vuelve a la gente cruel.
Necesitamos dejar de normalizar el odio como pasión. Necesitamos recordar que la crítica y el respeto pueden convivir. Que se puede exigir más sin denigrar. Que cada persona merece dignidad, incluso cuando pierde.
Ecuador ganó. Gracias por esta gran alegría equipo!
@SebaBecca
🇪🇨
Este artículo es el texto de una entrevista que hace Tara Henley a la psicóloga conductual Cory Clark sobre el tema la“feminización” de las instituciones culturales (academia, periodismo y política). Es decir, el rápido aumento de mujeres en posiciones de influencia en estas áreas durante las últimas décadas, y las posibles consecuencias positivas y negativas de este cambio demográfico. El artículo es para suscriptores de pago y no está completo en abierto pero en lo que se puede leer hay cosas interesantes que resumo:
Cory Clark dice que hay unas diferencias psicológicas promedio entre hombres y mujeres y usa un marco evoluticionista que toma de Joyce Benenson y su libro Warriors and Worriers. Los hombres son “Warriors” (guerreros), están orientados a la competencia jerárquica, al mérito, a formar coaliciones grandes y competentes, a asumir riesgos y a confrontar el conflicto directamente (a veces con violencia). Las mujeres, por contra son “Worriers” (preocupadas/protectoras) y están más orientadas a evitar daños y riesgos, a cuidar de los vulnerables, a priorizar la igualdad de resultados (equidad), y a resolver conflictos mediante exclusión social y ostracismo. Estas, por supuesto, son diferencias promedio, no absolutas.
Dadas estás diferencias psicológicas hay unas consecuencias esperables de la feminización. Al cambiar la composición demográfica de las instituciones, es lógico (desde una perspectiva estadística) que cambien las prioridades culturales. Clark se centra en tres cambios principales:
-Mayor priorización de evitar daños (harm avoidance).
-Mayor énfasis en la igualdad/equidad (en detrimento de la meritocracia pura). Ejemplo que pone: la inflación de notas (grade inflation). Las profesoras tienden a dar calificaciones más uniformemente altas, lo que dificulta distinguir el talento real.
-Estilo de manejo de conflictos más femenino: En lugar de confrontación directa, se usa la exclusión social, el ostracismo y la cancelación permanente (“cancel culture”). Una vez que alguien es visto como amenaza, se intenta eliminarlo del grupo para siempre, junto con culpa por asociación.
Cory Clark ve la cultura de la cancelación como una estrategia más femenina:
Por lo tanto, los hombres y las mujeres se orientan hacia las personas de maneras muy diferentes. Las mujeres tienden a buscar personas que puedan suponer una amenaza potencial. Están constantemente tratando de evitar a quienes representan un riesgo para ellas o para su grupo. Los hombres, en cambio, buscan personas que puedan unirse a su coalición, que sean realmente competentes y que ayuden a que su grupo sea más fuerte.
Tomemos como ejemplo la exclusión social. Como las coaliciones más grandes suelen ser más fuertes —si tienes más gente en tu grupo, es más probable que derrotes a otros grupos—, los hombres se sienten atraídos por construir grupos lo más grandes posible a su alrededor. No pueden permitirse el lujo de expulsar gente fácilmente, porque si aparece otro grupo más grande, podrían ser destruidos. Por eso deben tener un alto nivel de tolerancia hacia las personas de su grupo, incluso si son un poco turbias o no les caen especialmente bien. Simplemente no pueden permitirse echarlas.
Las mujeres, por el contrario, se centran más en reducir su círculo social a un núcleo de personas de total confianza. Prefieren un grupo más pequeño, pero altamente confiable y de alta calidad. Cuando los hombres entran en conflicto, suelen resolverlo de forma directa: golpean (literal o figuradamente) a la otra persona. Esa persona pierde estatus, pero normalmente se queda en el grupo. En cambio, con las mujeres, si surge un conflicto, es mucho más probable que nunca se recupere. Si dos mujeres se pelean -aunque fueran amigas al principio-, lo más habitual es que la amistad termine para siempre. No se recupera.”
Clark presenta evidencia (estudios propios y de otros, como los de FIRE y Eric Kaufmann) de que las mujeres tienden más a apoyar:
-De-platforming (impedir que hablen).
-Despidos por opiniones controvertidas.
-Castigos sociales permanentes.
-Boicots y ostracismo.
Tara Henley comparte su experiencia personal y cuenta que cuando sufrió un linchamiento online, todos los instigadores y autores de hit pieces fueron mujeres.
Clark insiste en que las mujeres aportan rasgos positivos (más empatía, cuidado de vulnerables, etc.) y que los hombres también tienen problemas graves (cometen el 95% de homicidios y violaciones). En su opinión, la solución no es excluir a nadie, sino gestionar los aspectos disfuncionales de ambos sexos (como se hace con la violencia masculina a través del sistema de justicia). La cultura puede adaptarse, identificar problemas y ajustar la conducta de las instituciones para intentar minimizar los aspectos negativos.
Sin embargo, resulta difícil hablar de esto porque tendemos a proteger más a las mujeres (tanto hombres como mujeres son más reacios a criticar rasgos negativos femeninos). También hay miedo a que reconocer diferencias de personalidad “deshaga” el progreso de las mujeres, que han demostrado ser muy competentes. Clark no es alarmista (“no digo que la feminización esté destruyendo la civilización”), pero sí defiende que ignorar estas dinámicas por miedo es contraproducente. Lo primero es poder hablar de ello con honestidad.
If you claim to support human rights yet can’t bring yourself to show solidarity with those fighting for their liberty in Iran, you’ve revealed yourself. You don’t give a damn about people being oppressed and brutalised so long as it’s being done by the enemies of your enemies.
Hayek: «El hombre que ha aprendido un poco de ciencia carece de la humildad que el verdadero científico adquiere con gusto.»
«El intelectual típico cree que todo debe ser explicable, pero un científico sabe que hay muchísimas cosas que no lo son. Un buen científico es esencialmente una persona humilde.»
Como muchas personas, mi corazón está a la izquierda. Siempre he votado por alguna variación de ella. Mi forma de entender el mundo tiene raíces profundas tanto en el marxismo como en sus críticas desde la misma izquierda, de Camus a Orwell. Pero descubro que lo que me separa de la izquierda oficial —o al menos de su versión tuitera— es precisamente el corazón.
Porque soy de izquierda, mi primer impulso ante la caída de Maduro es una alegría visceral. No por quien la provocó —Trump no despierta en mí ninguna simpatía— sino por los millones de venezolanos que llevan años huyendo de una parodia grotesca del socialismo. Por las madres que no han visto crecer a sus hijos. Por los profesionales manejando Uber en Santiago. Por los que murieron cruzando el Darién.
La izquierda que conozco en Twitter piensa al revés: primero el antiimperialismo, después la soberanía, luego la no injerencia, y al final —si queda espacio— los venezolanos. Como si el principio de no intervención pesara más que los cuerpos torturados en El Helicoide. Como si los derechos humanos del tirano importaran más que los de sus víctimas.
Este reflejo automático se repite en cada crisis. En Cuba, la corrupción dinástica de los Castro siempre pesa menos que el embargo. Cuando las iraníes se quitan el velo y enfrentan a los mulás, la izquierda busca primero denunciar a la CIA. Cuando quemaron el metro en Santiago, había que entender la rabia antes que lamentar a la cajera que no pudo llegar a su trabajo. No importa que los mulás ejecuten homosexuales, que los muyahidines lapiden mujeres, que los Castro encarcelen poetas: si están contra Estados Unidos, merecen comprensión.
Entiendo el razonamiento. Conozco la historia de las intervenciones, los golpes de Estado, la Escuela de las Américas. Sé que Estados Unidos no regala nada y que Trump es un personaje siniestro. Pero lo que no puedo entender es la ausencia de emoción humana elemental. Esa frialdad doctrinaria que no se conmueve ante los videos de venezolanos llorando de alegría en las calles de Caracas. Que no siente nada ante las iraníes cortándose el pelo en señal de rebelión. Que siempre tiene un "pero" listo antes que un abrazo.
Preferiría, por supuesto, que los venezolanos hubieran derrocado solos a su tirano. Pero sé —porque la historia lo enseña— que pocas dictaduras caen sin alguna forma de presión internacional. La chilena no lo hizo. La argentina tampoco. La española menos. Y de todas las salidas posibles después del fraude brutal de julio, esta es de las menos sangrientas.
Hoy los venezolanos celebran. Las calles de Caracas se llenan de una esperanza que creíamos muerta. Y yo, que sigo siendo de izquierda precisamente porque creo en la dignidad humana antes que en las abstracciones geopolíticas, celebro con ellos.
Mañana habrá tiempo para analizar, criticar, contextualizar. Hoy, solo hoy, déjenme sentir esta alegría sin pedir permiso al manual del buen antiimperialista. Déjenme poner el corazón donde siempre debió estar la izquierda: del lado de la gente, no de los mapas.
La desnaturalización de las maestrías y los doctorados: ¿formación académica o producto de lujo?
A principios de los 2000, el panorama de posgrados en Derecho en Colombia era claro: diplomados, especializaciones, algunas maestrías y ni un solo doctorado.🧵➡️
Esta oveja estuvo perdida durante más de 5 años en el bosque…
Esta fue toda la lana que acumuló, afortunadamente hubo buenos seres humanos que la ayudaron https://t.co/99FMHkVkFY
@Red_Ecuador_ Acusaron a la Dra. Hernández sin investigar los hechos, marcharon su buen nombre publicando un video en el que se dicen mentiras ¿y no se disculpan? 🧐 #PeriodismoSinÉtica
@Red_Ecuador_ La profesora Hernández estuvo con PERMISO POR MATERNIDAD y durante ese tiempo se puso un remplazo. Los estudiantes la acompañan para protegerla. Mi solidaridad con ella ante el gran daño que le causan #indígnate
.@DianaSalazarM2 fiscal del Estado llama a no distraerse en el combate al crimen organizado con encuestas que crean falsas expectativas sobre candidaturas . Estamos aquí para trabajar e investigar, afirma. Vía @vicenteopi