Señor, concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar aquellas que puedo y sabiduría para reconocer la diferencia.
Nada consume más energía que luchar contra una realidad que ya existe.
Aceptarla no es rendirse.
Es recuperar fuerzas para cambiar lo que sí depende de ti.
A veces la vida se siente como cuando Virginia Woolf escribió: “Estoy abrumada por cosas sobre las que debería haber escrito y nunca he encontrado las palabras adecuadas.”
No hay atajos. Madrugar es difícil, cuidar el cuerpo es difícil, estudiar es difícil, trabajar es difícil, crecer espiritualmente también. Pero es justo que mucho cueste lo que mucho vale.