un día, tu mascota se irá, y te darás cuenta de que la parte más afortunada de tu vida fue ser amado por una pequeña criatura que pensó que tú eras su hogar.
"Somos lo suficientemente listos como para inventar la #InteligenciaArtificial, tan tontos como para necesitarla, y tan estúpidos que no podemos averiguar si hicimos lo correcto" #JerrySeinfeld#FallonTonight
@ANITAc_onchiTa@PupaBeaumont Envidia de qué?? Del cuerpo de Teletubbies de las mujeres ? Que han traído muerte, droga y prostitución a nuestro país ?? Del olor a fritura en los medios de transporte y que todos creen que sin ingenieros astrofísicos de la NASA ??Cállese veneca
Hace exactamente 91 años, el 8 de marzo de 1935, murió en Tokio un perro que llevaba casi una década esperando a alguien que nunca volvió.
Se llamaba Hachikō.
Y su historia sigue siendo una de las más conmovedoras que existen.
Hachikō era un Akita Inu que pertenecía al profesor Hidesaburō Ueno, de la University of Tokyo.
Cada mañana caminaban juntos hasta la Shibuya Station, donde el profesor tomaba el tren para ir a trabajar.
Antes de marcharse, solía agacharse, acariciar al perro y decirle con cariño:
—Hachi, espérame aquí. Esta tarde vuelvo.
Y Hachikō esperaba.
Siempre.
Pero un día de 1925, el profesor Ueno murió repentinamente en la universidad tras sufrir una hemorragia cerebral. Nunca volvió a tomar el tren.
Aquella tarde, Hachikō fue a la estación como siempre.
El tren llegó.
La gente bajó.
Pero su dueño no apareció.
El perro se quedó allí un rato más, mirando la salida.
Y al día siguiente volvió otra vez.
Y al siguiente.
Y al siguiente.
Durante casi diez años, Hachikō regresó todos los días al mismo lugar, a la misma hora, esperando ver aparecer entre la multitud al hombre que le había prometido volver.
Los trabajadores de la estación empezaron a reconocerlo. Los viajeros también. Algunos le llevaban comida. Otros simplemente lo miraban con respeto.
A veces alguien le susurraba:
—Hachi… tu amo ya no vendrá.
Pero él seguía esperando.
Porque para Hachikō la promesa seguía viva.
Hasta que el 8 de marzo de 1935, su corazón se detuvo cerca de la estación donde había pasado tantos años mirando trenes.
Hoy, frente a Shibuya, hay una estatua de bronce de aquel perro.
Miles de personas pasan cada día por allí. Muchos se detienen un momento.
Porque esa estatua no es solo la de un perro.
Es la de una lealtad que el tiempo no pudo romper.
La historia de Hachikō, el perro que esperó casi diez años a su dueño…
y que nos recordó algo muy simple y muy poderoso:
La fidelidad verdadera no necesita palabras.
"Cuando hagas algo noble y hermoso y nadie se de cuenta, no estés triste. El amanecer es un espectáculo hermoso y sin embargo la mayor parte de la audiencia duerme todavía".
- John Lennon