Ojalá la izquierda fuera lo que tanto la derecha dice que somos. Ojalá fuéramos comunistas, ojalá fuéramos dictadores, ojalá fuéramos autoritarios, ojalá fuéramos guerrilleros, pero somos unos bobos hptas que siempre buscan la paz en un país que prefiere la guerra
De estas elecciónes aprendí, que necesito conectar más con filósofos, artistas, escritores, sociólogos, historiadores, viajeros. Porque mi círculo social no está alineado con mi visión de vida, soy demasiado apasionada, sensible, humana y ya no puedo verlos igual.
Ya estuvo. El triunfo de la derecha más radical no puede convertirse en excusa para repetir los mismos errores: el fanatismo, el sectarismo y el desprecio por quien piensa distinto.
Colombia necesita recuperar el rumbo, pero también la capacidad de convivir. La oposición no se aplasta. Se escucha. Y se gobierna también para quienes no están de acuerdo. Ojalá retomemos el rumbo y no estemos en cuatro años lamentando también este resultado electoral.
A 13 millones de personas no les importó que un candidato fuera ladrón, culebrero, estafador, machista, misógino, homofóbico, ecocida y maltratador de animales.
Seguramente el país más feliz del mundo.
Abelardo De La Espriella puede ser el presidente de Colombia pero no será hoy ni nunca el mío. Lo aborrezco a él, a toda su gente, a su fraude y a su campaña sucia.