Creo en personas como tu, como yo q pueden mover montañas si nos unimos. Orgullosa de pertenecer a Etwinning y prof de FLE. Pedagoga. Apasionada de la educación
@iryo_eu Mi más sentido pésame, mucha fuerza a todos los familiares d fallecidos y heridos, un abrazo muy fuerte y muchos animo a todos los trabajadores🖤
No significa que no haya pasado.. lo legal o no no siempre va acompañado de lo ético... Pero hoy ya no hablamos sobre la ética porque parece ser muy subjetiva no??!! Y asi vamos...
#todoesmentira
Abro debate: seguirías hablando o tratando con una persona que ha atentado contra otra persona ( violación, agresión, homicidio..) porque a ti te trata bien ??? ¿Seguirías comprando sus obras, conciertos etc ?? ?
Y otra afirmación: porque no se llegue a probar no
#tem15e muy bien Risto: dejad ya de politizar las víctimas. Informaros ya de las víctimas que realmente sufrieron agresión sexual ( y no hablo de simplemente tocarte el culo -q tb está mal-sino de atentado contra su dignidad). Hablad de todas las secuelas que quedan y luego
Habláis si queréis... Asqueroso me parece que algunas periodistas o mujeres lleguen a defender el cantante. Lo más prudente es escuchar y esperar para posicionarse. Pero decir que "no necesita hacer eso, porque han esperado tanto, si siempre ha sido encantador conmigo"eso es
A raíz del lamentable suceso del suicidio de Sandra, la niña sevillana de 14 años, se está extendiendo por los institutos de toda España, y en las familias de los alumnos, una dinámica que yo no sé hasta qué punto es beneficiosa ni si, en realidad, lo es. Muchos padres, hipersensibilizados por los casos de acoso, están acudiendo a los centros educativos para registrar documentalmente sus inquietudes y traspasar a la institución educativa la responsabilidad de solventarlas. Así, lo que ocurre en las casas, en la calle, en las redes sociales y, por supuesto, también en los institutos, encuentra en estos últimos el punto de apoyo exclusivo sobre el que situar la palanca que, finalmente, haga rodar las medidas oportunas para solventar el caso.
El disparatado aumento de protocolos de acoso escolar abiertos en los últimos meses nos habla de ese papel centralizador que están adquiriendo los centros educativos para afrontar circunstancias que superan, en mucho, la capacidad de actuación del profesorado. Conjurados los malos espíritus o, al menos, controlados gracias al papel registrado en la secretaría del centro, diríase que los padres ya pueden sentir alivio por el peso descargado sobre los hombros de los profesores.
Pero ese alivio, tan humano como comprensible, es también engañoso. No porque el profesorado no deba intervenir —que debe, y lo hace— sino porque estamos confundiendo el espacio donde se manifiestan los problemas con el origen de los mismos. Y, lo que es peor, estamos depositando sobre la escuela un mandato imposible: el de reparar por sí sola fracturas familiares y sociales que se incuban mucho antes de que un alumno cruce la puerta del aula.
Como resultado, algunos docentes viven hoy bajo una sospecha preventiva, atrapados entre la necesidad de actuar con diligencia y el temor creciente a que cualquier conflicto cotidiano derive en un protocolo que les exige una formación especializada que no tienen por qué poseer. Y que puede acarrearles, en el peor de los casos, el final de su carrera profesional. Lo que antes era un roce entre adolescentes —que requería diálogo, paciencia y mediación— ahora se traduce en un expediente formal que convierte a cada tutor en una especie de gestor de crisis, y a cada interacción escolar en un escenario potencialmente judicializable.
No se trata de negar la importancia de la vigilancia ni de minimizar las señales de alarma. La tragedia de Sandra, como la de tantos otros jóvenes, nos obliga a los profesores a mantener los ojos bien abiertos. Pero también a mantener la cabeza fría. Porque si seguimos confundiendo vigilancia con burocracia, protección con delegación, corremos el riesgo de saturar los mecanismos que deberían activarse solo cuando realmente hacen falta.
La verdadera prevención —la que funciona, la que salva vidas— no nace del miedo, sino del acompañamiento. Y ese acompañamiento es necesariamente compartido. La escuela puede y debe ser un pilar, pero no el único; no puede suplantar la presencia emocional en casa, ni controlar la jungla imprevisible de las redes, ni blindar a los adolescentes frente a las inseguridades propias de su edad. Pedirle eso es condenarla al fracaso y, de paso, convertir a los profesores en chivos expiatorios de un malestar que nos concierne a todos en una sociedad, además, crecientemente medicalizada.
Quizá ha llegado el momento de repensar nuestra respuesta colectiva y actuar con menos actas, pero más escucha; con menos trámites, pero más comunidad. Porque, si algo nos enseñan estas tragedias, es que ningún protocolo podrá sustituir al tejido de relaciones humanas que sostiene y de verdad protege a un niño que sufre.
@xeicxeic6@el_pais Así es y exigir que vengan con una mínima educación de casa !! Cuando en casa se enseña respeto el profesor tiene la mitad de la clase hecha.
@nyconene@fabyfelbol El centro tiene su parte de responsabilidad pero la mayor responsabilidad son los niños y la conciencia de cada padre si enseña valores a sus hijos o no. Toda la sociedad tenemos la responsabilidad moral de enseñar valores y enseñar con el ejemplo.
@moralanova@profsecundario Totalmente de acuerdo. Si tú no crees en que pueden y deben hacer más , no tiene sentido la educación y nuestra labor. Cierto es que en estos tiempos donde el esfuerzo no está de moda en nada : ni en política , ni en el trabajo, ni en las relaciones ni en nada... Es difícil ..
@profsecundario Comparto al 100% lo que has expuesto...
Es complicado... puedo demostrar lo que dices dado que tengo la mala o buena costumbre de "archivar" cosas.
Un alumno que hace 20 años suspendía ahora tendría una calificación notable... y sin hablar de adaptaciones curriculares...
Mi hija me pidió que la cambiara de colegio.
Así. Sin lágrimas. Sin enojos. Sin rabia.
Solo se me acercó mientras yo preparaba la cena y dijo despacio:
—“¿Puedo estudiar en otro lugar?”
Le pregunté si había pasado algo.
Me dijo que no.
Le pregunté si no tenía amigas.
Me dijo que no sabía.
Entonces le pregunté si alguien la trataba mal.
Y se quedó callada.
Esa noche no pegué los ojos.
Al día siguiente inventé que tenía que hablar con la directora.
Pero en realidad fui a mirar.
Me quedé en un pasillo y esperé al recreo.
Y ahí la vi.
De pie junto a la verja, con el termo en la mano, mirando al suelo.
Un grupo de niñas pasó y se empujaron entre ellas riéndose.
Un niño le tiró el jugo en la blusa y salió corriendo.
Otra niña le sacó una foto escondida con el celular y la mostró entre risas.
Ella no dijo nada.
Solo apretó los labios.
Como si ya estuviera acostumbrada.
Pero lo que más me dolió no fue eso.
Fue ver que una profesora pasó justo en ese momento.
La miró.
Miró a los otros.
Y siguió caminando como si nada.
Como si mi hija fuera invisible.
Después escribí al colegio.
Les conté lo que ella me había insinuado.
Que en el aula le escondían los cuadernos.
Que en los pasillos le ponían sobrenombres.
Que en el grupo de WhatsApp se burlaban de sus fotos.
Me respondieron con la típica frase:
—“No se preocupe, son cosas de muchachos. Lo estamos manejando.”
Pero no hicieron nada.
Nada.
Esa tarde, al volver a casa, me preguntó bajito:
—“¿Ya lo pensaste?”
Le respondí que sí.
Y que no tenía que volver más a ese colegio.
No preguntó por qué.
Solo dejó su mochila en la esquina y respiró profundo.
Como quien por fin suelta un peso que llevaba cargando sola.
Ahora estudia en otro lugar.
Ni más grande.
Ni más moderno.
Solo más humano.
Donde la miran a los ojos.
Donde la llaman por su nombre.
Y donde no tiene que hacerse pequeña para no ser molestada.
Porque un niño —o una niña— no pide un cambio de colegio por antojo.
Lo pide cuando ya no puede más.
Y lo más desgarrador no es lo que hacen sus compañeros…
sino lo que no hacen los adultos que se supone debían cuidarla.
Y ojalá esto no fuera tan común.
Ojalá no fuera yo una de tantas madres que aprendió demasiado tarde.
Porque hay algo que nunca se olvida:
el día en que tu hija te pide, casi en susurros,
que la saques del único lugar donde debería sentirse protegida.
Historia anónima
@PerdigueroASP Luego será demasiado tarde y lo lamentaremos mucho... No hay verdadero progreso si no hay humanismo detrás ...estamos perdiendo el norte y olvidándonos de la esencia del ser humano.
@PerdigueroASP Pero luego seguiremos diciendo que no es necesaria la ética porque todo es relativo...no. Hay valores universales que hay que educar y aprender...pero ya pocos quedan en las familias , en la escuela , en la sociedad y en la política... Difícil que tengan modelos ... Es ahora o
-Entonces, ¿qué me pasa, doctor?
+Espere, que el ChatGPT no me funciona bien y aún no le sé decir.
-¿Pero cómo? 😳
+Es que ChatGPT me ayuda con los diagnósticos porque cuando estudié lo hice sin acumular contenidos.