También está la fábula de Hisopo, del tipo que tratando de sacarse la cera de la oreja se termina haciendo un agujero en el cerebro y queda medio salame.
desde que nos preside esa masa amorfa de estupidez y maldad no sé si estamos en condiciones de indignarnos con giladas, es como una jalea siniestra pegoteada a nuestras almas que nos manda a todos al fondo de la cloaca moral. primero hay que lavar eso