Es vergonzoso que la relación con un genocida genere orgullo y gratitud. Eso no nos representa ni como nación ni como pueblo. Que hable en nombre propio el señor De la Espriella.
Nadie creció con la intención de dedicarse a la limpieza, trabajar de cajero o ser guardia de seguridad. Todos teníamos grandes sueños, pero la vida se interpuso, respeta los trabajos de los demás.