Dios nuestro, bendice nuestra vida en esta noche. Cúbrenos con tu amor, que podamos descansar sabiendo que no estamos solos, que tú caminas a nuestro lado y que nos recuerdas constantemente que nos amas profundamente.
Dios nuestro, que este día esté lleno de bendiciones, que podamos salir a vencer todos nuestros miedos y que nunca nos falte el deseo de sentir tu paz que llena nuestro corazón y nos anima a vivir felices. Gracias por darnos el amor que necesitamos, por recordarnos que estamos hechos para ser felices.
Dios nuestro, es hermoso poder iniciar el día a tu lado, sentirnos llenos de ti y saber que pase lo que pase, estarás con nosotros en cada momento. Te alabamos porque sabemos que en ti somos más que vencedores, porque nada nos quedará grande hoy. Salimos a vivir llenos de esperanza. Amén
El país se gobierna como se gobernó Santa Marta anoche.
Hubo presidente en la calle, soldados en el barrio y Kfir en el aire. Eso es Estado. Eso es control. Funciona más que mil discursos de “paz”.
Ahora si podrá reactivarse la ciudad: que abran los comercios, que los niños vuelvan a clases, que se normalice el transporte. Sin miedo.
Toma un minuto de tu tiempo hoy para detenerte y dar gracias por lo que eres. Da gracias por tu historia, por los pasos que te han traído hasta aquí. Ningún esfuerzo ha sido en vano, y solo tú sabes lo que te ha costado. Da gracias porque sigues permaneciendo en pie.
Hablar en positivo no te va a asegurar que todo va a salir bien, pero sí te va a permitir ver la situación con lentes de optimismo, y eso determinará tu actitud frente a cualquier situación.
Dios nuestro, en este nuevo día renovamos nuestra confianza en ti. Ver salir el sol de nuevo nos asegura que siempre podemos salir adelante, que la oscuridad en nuestra vida no es para siempre y que todos los días hay una nueva mañana. Confiamos plenamente en ti Señor. Salimos a vivir con esa certeza en nuestro corazón.
¿Cómo así que los derechos humanos parecen importar solo cuando se trata de criminales?
¿Y la población civil amedrentada? ¿Los soldados y policías asesinados? ¿Las víctimas del terrorismo? ¿Sus familias?
Los derechos humanos son para todos.
Esto no es de izquierda ni de derecha. Es sentido común.
Un niño NO es asesinado cuando el Gobierno bombardea un campamento guerrillero.
Un niño es asesinado cuando la guerrilla lo recluta.
Ahí fue cuando ese niño murió.
Murió el día en que lo sacaron de su casa, le quitaron su infancia, le pusieron un arma en la mano y lo metieron en una guerra en la que nunca debió estar.
No murió el día en que el Ejército, en ejercicio de sus funciones, llegó a combatir una estructura criminal.
Murió el día en que esa estructura criminal decidió utilizar a un niño para hacer la guerra.
Y esto parece ser muy difícil de entender para una parte de nuestra sociedad.
Por eso no solamente tenemos que hablar de 18.177 niños reclutados, utilizados o abusados por grupos criminales.
Tenemos que entender lo que realmente significa esa cifra.
Son 18.177 niños a los que les arrebataron la vida que tenían derecho a vivir desde el momento en que los reclutaron.
Porque si queremos encontrar al primer responsable de que un niño termine muerto en un campamento guerrillero, empecemos por preguntarnos algo muy sencillo:
¿Quién puso al niño en el campamento?