Mientras estaba sumergida en llanto en un TransMilenio, comencé a tener pensamientos sobre cómo podría morir. Antes de bajarse, una mujer me entregó una nota que decía: “No te conozco, pero todo va a estar bien”.
A ella, gracias, porque sin saberlo, hoy me salvó la vida.
Hay una parte del duelo para la que nadie te prepara. Cuando estás en shock y el mundo a tu alrededor sigue avanzando. Ves a la gente crecer, soñar y crear nuevos recuerdos, mientras tú sigues despertando cada día intentando procesar y sobrevivir a una realidad que no elegiste.