No te gustaban las tristezas improvisadas. Paseabas por el centro, casi siempre de viernes. Elegías color, sopesabas fragilidad, apenas te fijabas en el precio (siempre generosa), sabiendo dónde colocarla en tu vida. Esta última, leve, preciosa tristeza, me la elegiste tú.
Desfile de fantasmas que arrastran los pies. No, espera, son personas a la salida de sus trabajos mal remunerados, agotados, y con ganas de llegar a casa para una fugaz tregua nocturna.