🟡 “¡Cuidado! El machismo mata” es una advertencia que establece de manera directa la relación entre la cultura patriarcal y la violencia machista. Veinte años después, esta advertencia vuelve a ser la consigna principal, pues su urgencia se mantiene.
A British writer penned the best description of Donald Trump I’ve ever read:
“Why do some British people not like Donald Trump?”
A few things spring to mind. Trump lacks certain qualities which the British traditionally esteem. For instance, he has no class, no charm, no coolness, no credibility, no compassion, no wit, no warmth, no wisdom, no subtlety, no sensitivity, no self-awareness, no humility, no honour and no grace – all qualities, funnily enough, with which his predecessor Mr. Obama was generously blessed. So for us, the stark contrast does rather throw Trump’s limitations into embarrassingly sharp relief.
Plus, we like a laugh. And while Trump may be laughable, he has never once said anything wry, witty or even faintly amusing – not once, ever. I don’t say that rhetorically, I mean it quite literally: not once, not ever. And that fact is particularly disturbing to the British sensibility – for us, to lack humour is almost inhuman. But with Trump, it’s a fact. He doesn’t even seem to understand what a joke is – his idea of a joke is a crass comment, an illiterate insult, a casual act of cruelty.
Trump is a troll. And like all trolls, he is never funny and he never laughs; he only crows or jeers. And scarily, he doesn’t just talk in crude, witless insults – he actually thinks in them. His mind is a simple bot-like algorithm of petty prejudices and knee-jerk nastiness.
There is never any under-layer of irony, complexity, nuance or depth. It’s all surface. Some Americans might see this as refreshingly upfront. Well, we don’t. We see it as having no inner world, no soul. And in Britain we traditionally side with David, not Goliath. All our heroes are plucky underdogs: Robin Hood, Dick Whittington, Oliver Twist. Trump is neither plucky, nor an underdog. He is the exact opposite of that. He’s not even a spoiled rich-boy, or a greedy fat-cat. He’s more a fat white slug. A Jabba the Hutt of privilege.
And worse, he is that most unforgivable of all things to the British: a bully. That is, except when he is among bullies; then he suddenly transforms into a snivelling sidekick instead. There are unspoken rules to this stuff – the Queensberry rules of basic decency – and he breaks them all. He punches downwards – which a gentleman should, would, could never do – and every blow he aims is below the belt. He particularly likes to kick the vulnerable or voiceless – and he kicks them when they are down.
So the fact that a significant minority – perhaps a third – of Americans look at what he does, listen to what he says, and then think ‘Yeah, he seems like my kind of guy’ is a matter of some confusion and no little distress to British people, given that:
• Americans are supposed to be nicer than us, and mostly are.
• You don’t need a particularly keen eye for detail to spot a few flaws in the man.
This last point is what especially confuses and dismays British people, and many other people too; his faults seem pretty bloody hard to miss. After all, it’s impossible to read a single tweet, or hear him speak a sentence or two, without staring deep into the abyss. He turns being artless into an art form; he is a Picasso of pettiness; a Shakespeare of shit. His faults are fractal: even his flaws have flaws, and so on ad infinitum.
God knows there have always been stupid people in the world, and plenty of nasty people too. But rarely has stupidity been so nasty, or nastiness so stupid. He makes Nixon look trustworthy and George W look smart. In fact, if Frankenstein decided to make a monster assembled entirely from human flaws – he would make a Trump.
And a remorseful Doctor Frankenstein would clutch out big clumpfuls of hair and scream in anguish: ‘My God… what… have… I… created?' If being a twat was a TV show, Trump would be the boxed set.”
-Nate White
#ElNiño | 👀 La NOAA informó hoy condiciones consistentes con una fase cálida de ENSO (El Niño).
🤔 ¿Ya se declaró oficialmente?
🙅 No. Para ello, estas condiciones deben mantenerse por al menos 5 meses consecutivos (3 trimestres móviles).
👉 Revisa qué informó realmente la NOAA.
League of Legends is reportedly down for some players currently. Are you one of them? #LoLJPOfficial#LoL#LeagueofLegends#LoLDown https://t.co/J1jeRAsdux
現在、一部のプレイヤーの間でLeague of Legendsがダウンしているとの報告があります。あなたもその一人ですか?
La @scd_chile rechaza el artículo 71 T en el denominado Proyecto de Ley para la Reconstrucción Nacional, ingresado al Congreso por el Presidente de la República, y manifiesta su sorpresa ante la inclusión de iniciativas vinculadas a la Propiedad Intelectual en dicho proyecto.
If you paid $1 in federal income taxes this year, you paid more than:
Walt Disney
Citigroup
CVS
Kohl's
Ticketmaster
Tesla
United Airlines
GoDaddy
Paypal
Palantir
Roku
HP
3M
PG&E
Halliburton
That’s absurd. We need real and progressive tax reform.
LA VERDADERA EMERGENCIA – DANIEL MATAMALA 🧵
La política es una caja de sorpresas: un gobierno que llegó al poder inventando una emergencia, se ve enfrentado de inmediato -apenas instalado en La Moneda- a una emergencia de verdad.
Claro que el culpable de la emergencia no es ninguno de sus enemigos habituales: ni Boric, ni los comunistas, ni la Agenda 2030, ni el “lobby gay”, ni esa tríada de ismos que Kast denuncia como el triángulo del mal posmoderno (feminismo, indigenismo y ambientalismo).
No: los responsables de la verdadera emergencia son Trump, Netanyahu y una guerra que el propio presidente Kast aplaudió con entusiasmo.
Partamos por la emergencia ficticia.
En su primera semana de gobierno, la nueva administración dibujó un país en el suelo. Para ello, recurrió a una puesta en escena: en su tercer día en La Moneda, el presidente Kast partió a Penco, un lugar asolado por los incendios forestales. Allí lanzó un Plan de Reconstrucción Nacional, con más de 40 medidas que incluyen rebajas de impuestos, agilización de permisos y combate al delito.
El gobierno usó la escenografía de las viviendas incendiadas para prometer una “reconstrucción física, económica, institucional, fiscal y de la seguridad pública”. Nada de ello se condice con la realidad de un país que necesita muchos ajustes y mejoras, sin duda, pero no requiere ser “reconstruido”.
Es que este combo emergencia – reconstrucción sirve para aplicar la receta que Steve Bannon, el ideólogo de la ultraderecha estadounidense, bautizó como “inundar la zona” (el término original de Bannon es más explícito: “inundar la zona con mierda”).
Así, bajo la lógica de emergencia, se inunda el debate público con decenas de proyectos y noticias, desde construir la zanja hasta retirar la protección a las ranitas de Darwin; desde restringir la gratuidad universitaria hasta cortar un 3% del presupuesto de todos los ministerios; desde quitar beneficios a migrantes hasta eximir de IVA a las empresas constructoras; desde poner en duda los Juegos Olímpicos de la Juventud hasta retirar normas sobre polución en las ciudades.
Algunas medidas se revierten (¡se salvaron las ranitas!, ¡se salvaron los Juegos!), otras avanzan. Lo importante es que la inundación permite pasar colado de chincol a jote.
Porque, ¿cómo ayuda a los damnificados quitarle protección al Pingüino de Humboldt?
¿Por qué el “gobierno de emergencia” se dedica a estudiar indultos a policías y militares condenados por matar y mutilar a civiles?
¿Cuál es esa “emergencia” que explica que Chile se retire de la declaración del grupo de apoyo de las minorías sexuales de la OEA, del cual somos país fundador?
¿A qué “reconstrucción” ayuda que en la ONU votemos una moción sobre género del régimen de Trump que solo fue apoyada por Pakistán y Congo?
(¿Y a todo esto, no que este gobierno no iba a dar la “batalla cultural”?).
Y entre toda esta inundación, lo más importante: que pase colada una serie de rebajas de impuestos enfocadas en los más ricos.
Se nos dice que tenemos una emergencia física (necesitamos dinero para reconstruir) y fiscal (a lo Milei: “¡no hay plata!”). Y que eso obliga a apretarse el cinturón con todo tipo de recortes, incluidos beneficios sociales, como la gratuidad universitaria, que no iban a tocarse.
Y al mismo tiempo se anuncian proyectos para reducir o eliminar los impuestos a las donaciones, a la herencia y a las ganancias de capital, que son pagados casi exclusivamente por el 1% más rico.
Además se plantea una batería de medidas en favor de los dueños de las grandes empresas: rebaja al impuesto corporativo, un “subsidio al empleo” que baja aun más ese tributo, y la “reintegración del sistema tributario”, un tecnicismo que en palabras simples significa que los dueños de empresas puedan pagar cero pesos en impuestos personales.
🔴 Escribí esta columna porque lo que revelan los Epstein Files no es solo crimen, es orden social.
𝗘𝗽𝘀𝘁𝗲𝗶𝗻 𝗳𝘂𝗲 𝘂𝗻 𝗺𝗲́𝘁𝗼𝗱𝗼: 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗲𝗹 𝗽𝗼𝗱𝗲𝗿 𝘀𝗲 𝗰𝗼𝗺𝗲 𝗮 𝗹𝗮𝘀 𝗻𝗶𝗻̃𝗮𝘀
Durante años nos enseñaron a creer que el mal era marginal, torpe, desordenado. Que habitaba en los bordes de la sociedad, lejos de las instituciones, del prestigio y de la cultura. Los archivos de Jeffrey Epstein obligan a aceptar algo mucho más perturbador: el mal puede ser sofisticado, educado, millonario y perfectamente integrado al sistema.
Epstein no fue una anomalía. Fue un método. Un dispositivo de poder que funcionó porque el dinero compra silencio, el prestigio compra indulgencia y las instituciones aprenden a mirar a otro lado cuando el acusado pertenece a la élite correcta.
No estamos hablando solo de explotación sexual. Estamos hablando de dominio absoluto. De un punto en el que el poder, al tenerlo todo, deja de buscar placer y empieza a devorar: cuerpos disponibles, leyes negociables, justicia selectiva, infancias indefensas. Cuando el poder llega ahí, el abuso deja de ser delito y se convierte en orden social.
Por eso lo verdaderamente obsceno no es solo lo que hicieron. Es lo que se permitió que esta red de pederastas ultraricos y poderosos hiciera durante años. Hubo denuncias tempranas. Hubo alertas ignoradas. Hubo acuerdos judiciales indulgentes. Y nada se rompió del todo. Porque cuando el agresor es poderoso, el sistema no se escandaliza, se reorganiza para encubrir.
Los archivos desclasificados de forma caótica -que filtraron el dolor, administraron la información y protegieron prestigios- revelan algo que incomoda más que cualquier lista de nombres: una lógica. La lógica del “acervo genético superior”, de la supremacía entendida como derecho a seleccionar, apropiarse y descartar vidas. La infancia dejó de ser límite ético y pasó a ser mercancía. Inventario. Recurso.
Y aquí aparece la pregunta que muchos prefieren esquivar: ¿qué mundo permite que esto ocurra sin colapsar? Un mundo donde las élites no flotan en el aire, sino que se sostienen en ideas muy concretas, que el dinero otorga permiso, que el prestigio blinda, que algunas vidas valen menos que otras y estas son desechables. Un mundo donde la moral pública es feroz con los pobres y exquisitamente comprensiva con los poderosos.
Nada de esto es ajeno a nuestras realidades. En países como Ecuador, miles de niñas son violadas cada año. Muchas son obligadas a maternar de sus violadores. La gran mayoría no encuentra justicia. Al mismo tiempo, niños y niñas migran solos, atraviesan sistemas colapsados y quedan a merced de Estados que administran el flujo, pero no garantizan el cuidado. Cuando la infancia ya es desechable en casa, también lo es en la frontera.
Leído a la luz de los Epstein Files, Ecuador aparece además como territorio de captación, sin que hasta hoy se hayan activado mecanismos eficaces de investigación y rendición de cuentas. Mal haría el país en creerse ajeno, cuando las investigaciones internacionales muestran exactamente lo contrario.
Los archivos Epstein siguen creciendo sin avanzar.
No importa cuántos documentos se liberen si el método permanece intacto.
No importa cuántos nombres circulen si las redes siguen protegidas.
Tal vez lo más aterrador no sea lo que revelan, sino nuestra capacidad de seguir adelante como si nada. ¿Qué guerra, qué invasión, qué crisis fabricada vendrá ahora para distraernos? ¿Hasta cuándo vamos a tolerar que las élites se coman -literal y simbólicamente- a niñas y niños?
Porque si después de esto todo sigue igual, entonces Epstein y sus archivos nunca fueron el problema.
El problema es un mundo que ya no sabe dónde trazar el límite de lo humano.Y en un mundo así el horror no se esconde, se gestiona. Cuando eso ocurre, la sociedad se acaba por dentro.
Sybel Martínez | abogada en DDHH
El autor de esta columna para #CIPEROpinión hace un llamado de atención sobre la desidia del Estado de incorporar la salud bucal dentro de las prioridades del área, algo que tendría ahorros considerables para el erario fiscal. https://t.co/USuFUYeiZ1