Los tiempos de Dios no sólo son perfectos: son justos, sabios y siempre llegan cuando el corazón está listo para agradecer lo que un día pidió llorando
Así como usas energía para imaginarte que te ocurren escenarios catastróficos úsala también para imaginarte en escenarios extraordinarios sintiéndote estupendamente bien. Esa debe ser la meta.