El libro y el álbum de fotos comparten un poder: dan orden al tiempo. Guardan, narran y tejen continuidad entre momentos y generaciones. Hoy, esa memoria se disuelve en flujos de datos instantáneos. Un hilo sobre cómo hemos perdido el peso del tiempo.
Así, donde debía escribirse “anno”, escribían “año”. La virgulilla (~) sobre la N indicaba que ahí había una doble N. Lo mismo pasaba con palabras como “donna” (doña), “pannum” (paño) o “hispannus” (español). No era un adorno, era pura necesidad y ahorro de costes.
¿Hay una imagen idealizada de ese lugar que me aferra más que su realidad?
¿Qué nueva energía o espacio podría abrirse en mi vida si lo soltara?
¿Qué me daba esa persona que hoy siento que me falta?
Quisiera abordar preguntas que me hagan reflexionar acerca de "soltar" tanto objetos materiales, como personas, recuerdos, lugares... hay una nostalgia y angustia que siento, aunque no quiera volver, tener, o estar con. Es un vacío que no sé por qué está ahí
¿Qué parte de mí se sentía segura o identificada con ese objeto/lugar?
¿Qué historia personal guardaba ese objeto/lugar que todavía necesita ser reconocida o honrada?
¿Qué temería perder de mí misma si dejara ir ese recuerdo u objeto por completo?
Llueve porque he pedido flores
y como también deseé sol
ahora escribo de noche
en una espera que ya no lo parece
en una inmovilidad eterna
mientras los días
mientras las horas
mientras convivo con la pausa tatuada en la piel.
Estoy, a veces sin estarlo
Releo, torturándome
Confío
ciegamente en el recuerdo
porque es lo único que conservo
y porque sé que el presente
ya no está ahí