Hay equipos que despiertan una antipatía difícil de explicar. Llega un punto en que ya no es simple rivalidad deportiva, sino una mezcla de admiración mal digerida, rechazo al éxito y una obsesión por verlos caer. Cuanto más ganan, más grande parece ser el deseo de que pierdan.
Pero hay una razón por la que siguen ahí: además del talento, poseen un carácter inquebrantable. Porque las estrellas ayudan, pero lo que realmente distingue a los grandes es negarse a darse por vencidos.
Te guste o no, lo de hoy fue una lección de competitividad, carácter y resiliencia. A algunos les tocará reconocerlo; a otros, simplemente, aguantarse.
Gracias por el juegazo de hoy.
Mientras otros salen de joda un sábado a la noche, yo prefiero quedarme en casa sin que nadie me rompa las bolas haciendo la previa hasta las 4 de la madrugada para ver 20 autitos de Fórmula 1 dando vueltas a 300 kilómetros por hora en un circuito. Placeres de la vida de adulto
Las noches sin dormir, las taquicardias, el nudo en la garganta… Todo eso que nadie ve. Todo eso que finges controlar. Y aún así, te levantas.
Desayunas.
Sales a la calle.
Y sonríes como si no doliera.
Eso, eso se llama fortaleza.