UNA DESPEDIDA CON DIGNIDAD
Esta semana dos de las parejas que estaban en proceso de terapia, se dieron cuenta que era mejor terminar y lo han decidido en una calma y en una paz aleccionadora.
No deja de dar pesar por el ecosistema que se rompe pero al mismo tiempo da tranquilidad por la madurez con la que lo han hecho y por la vida prometedora que tendrá cada uno.
Terminar una relación no es un fracaso. Es, muchas veces, el acto más maduro y más amoroso que dos personas pueden ofrecerse mutuamente.
No insistir y no forzar lo que ya no es , es honrar lo que se vivió con gratitud. Están eligiendo que el otro florezca, aunque sea en un camino diferente al suyo.
Muchas parejas permiten que el deterioro los consuma, que el rencor reescriba la historia, que lo que fue bello quede sepultado bajo capas de dolores acumulados y que finalmente se apuñalen de desprecio hasta la degradación y la decadencia, llevándose a su paso a sus hijos cuando los hay.
Es allí donde el arbitraje de un terapeuta es tan relevante. Alguien que mantenga el ambiente de comunicación sana preservado y que canalice la rabia hacia soluciones.
Alguien que impulse la ética en la despedida, para que algún día puedan decir: “Nos fuimos en paz, sabiendo que esa relación nos hizo mejores persona”.
Mi respeto y admiración a las personas que hacen cierres desde la gratitud y el respeto por el otro.
Dijo una vez Virginia Woolf: “No se puede encontrar la paz evitando la vida. La calma real no nace de la huida, sino de habitar cada instante, por crudo que sea. Quien esquiva el dolor, esquiva también la belleza. Vivirlo todo, incluso lo que duele, es el único camino hacia la verdadera paz interior.”