Julio César, un hombre que le vio la cara al abismo, se quedó sin la mujer, volvió y sigue dirigiendo por amor a esto y lo vive como todos los argentinos. El último de los hombres de algo que ya no existe.
El futbolero está en su casa, masticando bronca, llorando, tratando de retomar fuerzas para encarar uno de los lunes más duros de su vida. Acá están los que ven futbol cada cuatro años y mucho no entienden, a veces me gustaría ser uno de ellos.