Dios te pondrá donde Él quiera, no importa si la gente cree que no mereces esa posición.
A los que no creen que no lograrás, Dios les reserva un asiento en primera fila. Y desde esa primera fila verán algo mucho más elocuente que cualquier defensa que hubieras improvisado.
La opinión de la gente se irá reacomodando con el tiempo, o no lo hará, y ese desenlace no está en tus manos ni te corresponde. Lo que sí te corresponde es no abandonar el sitio antes de que se cumpla lo que Dios te prometió.